SOBRE LOS TRINITARIOS DESCALZOS DE RONDA

 

Nos acercamos por una pequeña rendija al día a día en el convento de los trinitarios descalzos de Ronda, una comunidad cuya vida interior quedará plasmada en los documentos que hoy intentamos descifrar.

A medida que avancemos, el texto va deteniéndose en los contenidos fundamentales de cada pieza, destacando los elementos necesarios para comprender el contexto y la cotidianidad del monasterio; introducimos unos enlaces en los puntos clave que les llevará al documento original y los datos más relevantes del mismo.
Esta disposición permite alternar la lectura interpretativa con el acceso directo a la fuente.

Nos aproximamos a la conocida rama de los descalzos dentro de la orden trinitaria, esta rama es fruto de una reforma posterior a la fundación, buscaba volver a la estricta observancia de las reglas primitivas, ante la relajación que observaban sectores de los frailes calzados.

La vida en el cenobio no difería, en lo esencial, de la de cualquier núcleo humano: convivían aciertos y errores, momentos de armonía y episodios de tensión, días de felicidad y otros de sufrimiento. Lo que los distinguía no era la ausencia de conflictos, sino la profundidad de su espiritualidad. Y esa espiritualidad, para sostenerse, necesitaba un soporte material que garantizara la subsistencia de la comunidad. Fe y economía caminaban juntas, aunque no siempre en equilibrio.

Estas dos líneas, la vida espiritual y la vida económica, serán el hilo conductor del que iremos tirando para desentrañar a través de los legajos que se conservan la realidad de este tiempo lejano. Abrirlos no ha sido tarea sencilla: el archivo llevaba tanto tiempo cerrado que parecía haber olvidado cómo se abría y contaba con un guardián implacable como es el castellano antiguo y la caligrafía compleja que presenta. Sin embargo, una vez franqueado ese umbral, cada documento se convierte en una voz que nos guía, aunque parecieran haber sobrevivido a una tormenta, y nos revela la complejidad y la humanidad que latía tras sus muros; nos toparemos con vidas ejemplares, visiones marianas, milagros, conflictos de honor, devociones populares, misiones hacia México, tensiones entre cabildo y autoridades.

Empezamos nuestro camino y la primera parada será para contarnos los quebrantos que en la antigüedad sufrían los documentos por los ataques de insectos y demás animales; nos resaltan especialmente a los ratones que actuaban como una plaga y royeron el papel: huecos donde antes hubo palabras, restos de cuentas, derechos de escaño, los derechos de sepultura y los asientos de la Santísima Trinidad (1 y 32). Pero gracias a un escribano, fiel a su oficio, salvó la verdad: y dejó constancia de que todo estaba seguro en el libro de asientos, hoja 55, para que el daño del papel no borrase la memoria.

A esta información se suma este otro legajo33, un documento contable que menciona cobros y pagos pendientes, reales y apremios, títulos y derechos de cobro: un eco de la economía conventual.

Como continuación de este relato encontramos un folio casi vacío, el7, que parece un fantasma: no aporta información, pero su posición parece indicar que pertenece a la misma historia.

Tras esta salvedad, reiniciamos nuestra andadura con un documento fundamental: el 42, donde se narra la Fundación del Real Convento de Ronda en 1585. Aquí se pone de manifiesto la nobleza de la ciudad, su origen romano y morisco, su lema de Fidelidad y Fuerza, y se cuenta cómo el Padre Maestro fray Miguel de Córdoba llegó a Málaga y desde allí a Ronda para fundar la casa de la Trinidad.

El 43continúa este relato fundacional y nos presenta al ermitaño Alonso Muñoz, deseoso de agradar solo a Dios, que sueña que la Virgen le señala el sitio desierto donde debía levantarse el convento. Ese sueño legitima el lugar elegido: el ermitaño pide el hábito de lego, se integra en la comunidad y vive santamente, dedicado al culto y al cuidado de los altares, ganando fama de santidad.

Por medio del45conocemos la iglesia del convento: una nave alta, un crucero elegante, columnas de mármol, muros de piedra y retablos riquísimos. En el centro del retablo mayor se alza la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, rodeada de patriarcas, mártires y doctores, y junto a ella la singular Trinidad de niños, iconografía rara y misteriosa.

Avanzamos con46conocemos el patronato de D. Blasyo Gimeno de Calatrava, regidor de Ronda, que costeó capillas y retablos, aportó materiales y símbolos de la orden y dejó una huella profunda en la fábrica del templo.

Desde el 47nos lleva capilla por capilla: la de Nuestra Señora de la Evangelista, la antiquísima capilla de la Concepción, la capilla de Santa Catalina y la capilla sacramental, antes puerta lateral, muy venerada por su función litúrgica.

El documento 48nos va a sacar del interior del convento para llevarnos a la capilla de la Concepción de la ciudad, donde una imagen es tenida por milagrosa ya que según nos cuenta cura males de ojos, torceduras y otras dolencias. La comunidad realiza ceremonias, acepta la devoción sin resistencia y se narra incluso que la imagen de Cristo mostró signos de vida.

El 49describe la fábrica del convento, su iglesia y sus dependencias: claustros, altares, dormitorios, sacristía, cocina, organización interna. Se menciona el Capítulo Provincial y la buena acogida de los religiosos en la ciudad.

En el50 nos dan a conocer la generosidad de la comunidad y las limosnas extraordinarias que sorprendían a la ciudad. Se menciona la misión de dos padres que intentaron viajar a los desiertos camino de México.

En el interior del 51se recoge un episodio muy humano: durante una predicación, varios caballeros jóvenes acuden a comulgar. El P. Fray Pedro de Salazar les indica el orden para recibir el sacramento, pero Domingo, mayordomo y caballero, se siente ofendido.

El 52narra la vida espiritual de D. Juan, que toma el hábito con profunda devoción y entra al noviciado.

El 53nos muestra tensiones entre cabildo y autoridades religiosas: decisiones de gobierno local, necesidad de hospedar a ciertos miembros, disputas entre facciones.

Los 54 y 55, por su contenido espiritual (capillas, devociones, vidas ejemplares), se integran aquí como testimonios adicionales de la religiosidad local, reforzando la imagen de un convento vivo, visitado, amado y discutido por la ciudad.

Como ya hemos dicho, los frailes tenían sus problemas, no siempre fueron santos, y por medio de estos documentos palparemos cómo la vida conventual no había sido siempre un remanso de paz.

En el 3encontramos una escena muy terrenal con frailes discutiendo, acusaciones cruzadas y correcciones severas por parte de las autoridades del monasterio.

En el 4 nos acercamos a los debates que se tienen sobre el altar mayor, reparaciones urgentes, provisiones que no llegaban.

El contenido del 6recoge las decisiones sobre iluminación, lámparas, llaves, accesos al Santísimo Sacramento y advertencias sobre el uso correcto de los espacios sagrados.

Continuamos nuestra aventura entre antiguos documentos que, poco a poco, irán desvelando ante nosotros la vida cotidiana del monasterio, con sus ritmos, sus silencios y las historias que quedaron atrapadas en el papel.

el 8describe acuerdos sobre limosnas, obligaciones religiosas y administración de bienes comunes;

el 9 recoge la petición de un cantor que pide reconocimiento;

el11menciona pagos, obligaciones y conservación de bienes comunes;

el12presenta listas de nombres, oficios y relaciones comerciales;

el13menciona armas, guías y obligaciones en caso de conflicto.

Tras este primer hito, seguimos abriendo pliegos y sumergiéndonos en su contenido. Entre las grafías del castellano antiguo, estos testimonios comienzan a revelarnos otras escenas de la vida cotidiana del monasterio.

En los documentos 5 y23 se conservan restos de fórmulas notariales: “Yo, fulano… reconozco… la deuda… ante el escribano…”.

El10 nos recuerda que incluso la espiritualidad debía pagar impuestos: aparece un sello fiscal en árabe y castellano: “DIX MARAVEDÍS”
Era un recordatorio de que incluso los conventos debían pagar impuestos. Seguro que el superior de la comunidad se obnubilaría ante aquel gasto, nada más y nada menos que diez maravedís por un pliego, pero…” la ley, padre, es la ley y la ley no perdona ni a los conventos por muy reales que sean”.

En el14, dos partes enfrentadas se reunían para conciliar un pleito. El escribano anotaba mientras discutían: “Yo cumplí mi parte. Y yo entregué lo pactado”.

El15habla de las obligaciones económicas relacionadas con una capilla o granero.

El17 era aún más tenso: pagos, sentencias, reales, granos, tasas. Una resolución de pleito económico.

El16, fechado en 1687, registra deudas vinculadas a una capilla, con prohibición de reclamar en el futuro.

El18recoge las obligaciones perpetuas: mantener la capilla, sus bienes, sus reparaciones… para siempre.

El19 mezcla economía y devoción: préstamos, cuidados, nombres propios, y un grano simbólico ofrecido a la Virgen.

Como vamos viendo en el convento no solo se rezaba, sino que tenían un cuerpo jurídico económico importante que atendía a la hacienda de la comunidad con diligencia y prontitud que negociaba, prestaba, litigaba, compraba, vendía, reparaba, pagaba y cobraba.
Seguimos abriendo sellos.

En el24 encontramos un acuerdo formal sobre bienes y servicios prestados.

El31 regula pagos y rentas vinculadas a una imagen o capilla.

El37, muy deteriorado, conserva fragmentos de un acuerdo económico o administrativo con palabras como: “pago”, “obligación”, “sepultura”.

Los 28 y 29 son escrituras notariales completas, donde encontramos un contrato entre particulares firmado por el convento y por otro lado se recoge la confirmación de obligaciones económicas irrevocables.

El34 regula pagos periódicos, censos y vencimientos.

El35es una breve anotación sobre un pago registrado.

El38 es un acta capitular donde los frailes trataban sepulturas, traslados a la nueva iglesia, limosnas y obligaciones económicas.

El30 introduce un matiz distinto: trata sobre sepulturas y derechos funerarios, obras y redistribución de enterramientos, ubicaciones dentro del templo y decisiones comunitarias para sostener la fábrica de la iglesia.

El 22 recoge la petición solemne de fray Gabriel para obtener aceite y recursos.

El25 narra la lectura de letras apostólicas ante el cabildo.

El26 contiene mandamientos disciplinarios, advertencias y penas.

El20 recoge actos relacionados con campanas, congregación y acuerdos de cabildo.

Así, al ir abriendo uno a uno estos legajos, espirituales o económicos, devocionales o jurídicos, la vida del convento de los trinitarios descalzos de Ronda se acerca a nuestros días y aparece como un tejido concreto de personas, decisiones, conflictos, milagros, cuentas, capillas, patronos y frailes que intentaron, con mayor o menor acierto, vivir entre la fidelidad a Dios y las exigencias muy terrenales de la historia.

Tras la finalización del documento, incorporamos una ordenación cronológica de los pergaminos, establecida a partir de las fechas localizadas en su interior.
Esta organización permite una lectura más coherente del conjunto y facilita la comprensión de la secuencia temporal de los materiales. Cronología

 

 

 

 

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