Este folio manuscrito, escrito con una cursiva procesal muy desarrollada, constituye un ejemplo representativo de la escritura administrativa y jurídica del siglo XVII. La página está densamente ocupada por líneas continuas, sin apenas márgenes ni espacios en blanco, lo que sugiere que formaba parte de un libro de cuentas, registro de obligaciones o relación de bienes perteneciente a una institución religiosa o civil.

La caligrafía, de trazos rápidos y angulosos, presenta abundantes abreviaturas, nexos y ligaduras, características propias de la escritura profesional empleada por escribanos y oficiales de archivo. La tinta, aunque algo atenuada por el paso del tiempo, conserva suficiente contraste para distinguir la estructura del texto, mientras que el papel muestra señales de uso prolongado: oxidación, desgaste en los bordes y ligeras manchas que indican manipulación frecuente.

El contenido, aunque difícil de descifrar por la complejidad de la letra, parece seguir un discurso continuo, posiblemente una exposición de normas, instrucciones o procedimientos internos. La repetición de fórmulas y la cadencia del texto sugieren que podría tratarse de un preámbulo o capítulo introductorio de un libro mayor, donde se establecen las reglas para llevar cuentas, registrar bienes o administrar recursos.

Este tipo de manuscritos cumplía una función esencial en la vida institucional del Antiguo Régimen: ordenar, legitimar y conservar la memoria administrativa. Su valor radica tanto en la información que contiene como en su materialidad, que refleja la práctica cotidiana de la escritura en oficinas, conventos y cabildos.

La densidad del texto, la ausencia de rúbricas y la uniformidad del trazo indican que el escribiente trabajaba con fluidez y dominio técnico, probablemente copiando o sistematizando información procedente de otros documentos. El resultado es una pieza que, aunque difícil de leer a simple vista, constituye una fuente privilegiada para la paleografía, la historia institucional y el estudio de las prácticas escriturarias del siglo XVII.

 

El documento número 4 es un poder notarial otorgado en Granada durante el siglo XVII, una ciudad que, tras la conquista de 1492, se convirtió en un importante centro administrativo del sur peninsular. La fórmula “Seypan quantos esta carta vieren…” es característica de los instrumentos públicos de la época, redactados por escribanos que actuaban como garantes legales de los actos privados.

Juan de Contreras, vecino de Granada, concede poder a Alonso de Baena para representarlo ante el alcalde mayor, autoridad judicial de alto rango. Este tipo de poderes eran habituales en una sociedad donde los trámites legales, pleitos y gestiones administrativas requerían presencia física, y donde muchos ciudadanos delegaban estas funciones en personas de confianza. La figura del apoderado era clave en la vida jurídica del Antiguo Régimen.

El documento refleja la compleja estructura institucional de la época, en la que los alcaldes mayores, corregidores y escribanos formaban parte de una red administrativa que regulaba la vida urbana. También muestra la importancia de la escritura como herramienta de control social y legal. Su valor histórico radica en que permite reconstruir relaciones personales, conflictos, negocios y dinámicas sociales de la Granada barroca.

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