Este folio manuscrito, escrito con una cursiva luso‑hispánica de fuerte impronta barroca, constituye un testimonio singular de la cultura escrita del siglo XVII en el ámbito ibérico. La página está densamente ocupada por líneas continuas, sin apenas márgenes ni interrupciones, lo que revela un texto concebido para la copia sistemática más que para la lectura pública o ceremonial.

La caligrafía presenta rasgos característicos de la escritura profesional de la época: trazos largos y ondulantes, abundantes ligaduras, y una inclinación marcada que confiere al texto un ritmo visual casi musical. La presencia de términos como Senhor, Dom o Mai sugiere un contexto portugués o luso‑andaluz, quizá vinculado a la administración de bienes, relaciones familiares o disposiciones jurídicas.

El soporte muestra signos evidentes de antigüedad: oxidación del papel, bordes suavemente erosionados y zonas donde la tinta ha perdido intensidad. Estos indicios apuntan a un documento que ha sido consultado o manipulado en múltiples ocasiones, probablemente como parte de un archivo doméstico, notarial o eclesiástico.

Aunque la letra dificulta una lectura precisa, la estructura del texto —continua, sin rúbricas ni divisiones— sugiere que podría tratarse de:

La presencia de fórmulas de tratamiento y referencias personales apunta a un contenido de carácter privado o semiprivado, donde se consignan acuerdos, reconocimientos o vínculos entre personas de cierto rango social.

Este tipo de manuscritos son especialmente valiosos para la paleografía ibérica, pues muestran la convivencia de rasgos hispánicos y portugueses en la escritura cursiva del periodo. Además, ofrecen una ventana privilegiada a la vida cotidiana, las redes familiares y las prácticas jurídicas del mundo barroco

 

 

El documento número 6 nos traslada a la ciudad de Macán (posiblemente Macao o un topónimo hispano-lusitano) en 1645, en pleno contexto colonial. Se trata de un informe contable elaborado para justificar gastos municipales ante el senado local. La cifra inicial —21.115 y nueve reales— muestra la precisión con la que se registraban los fondos públicos, reflejo de un sistema administrativo altamente burocratizado.

El contador general, Don Pedro de Guzmán, presenta los libros de cuentas ante el senado, que actúa como órgano fiscalizador. Este tipo de documentos eran fundamentales para garantizar la transparencia en el uso de recursos destinados a obras públicas, defensa, abastecimiento o administración colonial. La revisión y aprobación por parte del senado demuestra la existencia de mecanismos de control institucional.

En el siglo XVII, las ciudades coloniales funcionaban como centros administrativos que replicaban las estructuras peninsulares. La contabilidad era una herramienta esencial para mantener el orden económico y justificar decisiones políticas. Este documento es una ventana a la gestión financiera de la época y permite estudiar la economía urbana, los cargos públicos y la burocracia colonial.

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