Legajo 41

 

Este manuscrito recoge la memoria solemne de la fundación del Real Convento de Ronda en 1568, un acontecimiento que la ciudad quiso dejar fijado como parte esencial de su identidad espiritual y social. El texto exalta la antigüedad y nobleza de Ronda, presentándola como un lugar elegido para albergar uno de los conventos reales destinados a caballeros y defensores de la fe católica. La narración, cargada de fervor religioso y de referencias a la gracia divina, muestra cómo la fundación del convento se interpretaba no solo como un acto institucional, sino como una expresión de la voluntad de Dios y del ejemplo de santos y reyes. La repetición solemne de estas ideas subraya la importancia que la comunidad otorgaba a este hecho, mientras que la mención de Fray Castañeda como fundador sitúa la obra dentro de la tradición monástica que marcó profundamente la vida de la ciudad. El documento, con su caligrafía cuidada y su tono casi litúrgico, conserva el eco de un momento en que fe, poder y memoria se entrelazaban para dar forma a la historia local.

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