Juan Jiménez Pérez

En la ciudad de Ronda nos enorgullecemos de las personas que o nacieron o pasaron por nuestra ciudad dejando su impronta como legado. Aquellos que los conocimos ahondaremos en su historia y los que no, que sea como un documento vivo de las personas que nos precedieron y de la época que les tocó vivir.
Juan Jiménez Pérez, «El Gordo Barbero»
En la memoria de muchos rondeños todavía permanece la figura de Juan Jiménez Pérez, conocido popularmente en Ronda como «El Gordo Barbero», un hombre emprendedor, de carácter abierto y con un sentido del humor que convirtió su barbería en mucho más que un establecimiento dedicado al oficio de afeitar y cortar el pelo..
Juan nació en Ronda el año 1906, su esposa se llamaba Joaquina Higueros Flores, y fruto de su matrimonio tuvo tres hijos: Rafael, Dolores y Juan, que fue sacerdote y todos lo conocían como "Juanón". Residía en la calle De los Vicentes y lo hizo junto a su hijo Rafael su nuera y sus nietos Juan y Alberto. Su vida estuvo estrechamente ligada a Ronda y, especialmente, a la Carrera Espinel, donde instaló su barbería en el segundo tramo de esta conocida calle. El negocio abrió sus puertas en los años veinte del siglo pasado, en una época en la que las barberías constituían también importantes lugares de relación y conversación entre los vecinos.
En la entrada, por encima de la puerta, sujetada de forma perpendicular a la calle, había una placa esmaltada de blanco que ponía "Barbería", la primera letra en mayúsculas era de color rojo y las demás azules. Son los colores clásicosque se usan desde antaño para anunciar estos establecimientos.
Al frente de su negocio, Juan contó con dos empleados, Caballero y Pepe Dorado, que compartieron con él muchos años de trabajo y, sin duda, innumerables historias vividas entre las paredes de aquella barbería.
Esta tenía tres sillones de barbero con sus espejos correspondientes todos alineados a la parte derecha del local. En el primer sillón estaba Caballero, en el segundo se situaba Dorado y el tercero era para Juan, pero él casi nunca lo utilizaba. En la izquierda se encontraba un reloj de pared de unos 60 cm. y pegadas a ese testero había unos silloncitos para que los clientes que esperaban su turno lo hicieran sentados. Debajo del reloj había un pequeño depósito de unos 30 por 40 cm. de gasolina para que clientes y visitantes, al introducir una peseta pudieran recargar sus mecheros.
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Así mismo, este establecimiento contaba con su tablero de fichas para dar el turno a aquellos clientes que en vez de esperar preferían hacer otros menesteres mientras les tocaba. Así, Juan les daba la ficha con su número de orden y cuando volvían la entregaban.

En su barbería tenía colocada también esta caricatura, realizada por Gallardo el año 1.951.

Pero «El Gordo Barbero» fue mucho más que un profesional de su oficio. Fue un hombre con iniciativa y espíritu emprendedor, especialmente aficionado a organizar actividades que permitieran a los rondeños disfrutar juntos de sus grandes pasiones: los toros y el fútbol.
Cuando toreaba Antonio Ordóñez, uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia y figura especialmente vinculada a Ronda, Juan contrataba autobuses para llevar a los aficionados a las plazas donde actuaba el célebre torero. De la misma manera, organizaba desplazamientos para acompañar a los seguidores del Club Deportivo Ronda cuando el equipo disputaba partidos fuera de casa. De este modo, contribuía a crear un verdadero espíritu de afición y camaradería entre sus paisanos y de camino ganaba un dinerillo extra.
Su barbería era, además, un auténtico lugar de encuentro. Allí se reunían tertulianos, amigos y conocidos para conversar sobre la actualidad, los toros, el fútbol y todo aquello que formaba parte de la vida cotidiana de Ronda.
Y si algo caracterizaba a Juan era precisamente su buen sentido del humor. Una muestra de ello es la anécdota que nos contó su nieto Juan, relacionada con los avistamientos de OVNI que alcanzaron gran repercusión durante los años sesenta. El mundo vivía fascinado por las noticias de objetos volantes no identificados. Los periódicos hablaban de extrañas luces en el cielo, de supuestos avistamientos y de seres llegados de otros planetas. El misterio había entrado en las conversaciones de la gente corriente.Y Juan, que tenía una imaginación tan grande como su sentido del humor, debió pensar que aquello podía dar mucho juego y algunas pesetas.
Así que un buen día junto a su amigo Guindo anunció que habían hablado con los extraterrestres y habían quedado con ellos en un par de días en el Arroyo del Toro..La noticia comenzó a correr..Y, como ocurre tantas veces en los pueblos y ciudades pequeñas, lo que empieza como un comentario termina convirtiéndose en acontecimiento. Al final, fueron tantos los que quisieron acudir a presenciar aquella supuesta llegada de seres de otros mundos que se llegaron a fletar varios autobuses llenos de rondeños.
Eran auténticas expediciones rumbo al Arroyo del Toro para asistir a lo que podía ser uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia de Ronda. Pero Juan no había dejado nada al azar.Para llevar a cabo su particular representación contaba con la complicidad de su amigo Guindo, que era sastre. Entre ambos prepararon los disfraces y, llegado el momento, se transformaron en extraterrestres. Podemos imaginar la escena.
Los rondeños esperando. Las miradas dirigidas hacia el lugar donde supuestamente iba a producirse el prodigio. La expectación creciendo. Y, de pronto, aparecen aquellos dos personajes disfrazados de seres de otro planeta.
Por unos instantes, quién sabe, quizá hubo quien pensó que Juan había acertado..
Hasta que se descubrió el engaño, pues no se sabe a ciencia cierta si alguien tosió o tropezó.
Entonces llegaron las risas y los enfados pues muchos de aquellos romdeños se sintieron engañados.
Nuestro protagonista estuvo escondido dos meses sin salir de su casa para evitar las chanzas. Esto sucedió cerca de final del año. Así en las Navidades ....
Sus amigos, que seguramente conocían bien a Juan y sabían que una historia así no podía quedar sin colofón, decidieron hacerle una visita muy especial. Le compusieron un villancico dedicado a aquella aventura extraterrestre y se plantaron en la puerta de su casa para cantárselo. La letra decía así: "Batata. batata, buñuelo, buñuelo. queremos a Guindo y al Gordo Barbero". Nos imaginamos para que los querían...
Historias como esta ayudan a recuperar no solo la figura de Juan Jiménez Pérez, sino también una forma de vivir y relacionarse que forma parte de la memoria colectiva de Ronda.

En la fotografía se ve junto a su nieto.
Falleció en 1980, a los 74 años de edad. La barbería se cerró el año 1.985. Entonces su nieto, Juan Jiménez Escalante ( Gracias a él por cedernos las imágenes y relatarnos sus recuerdos) primero, con la ayuda de su padre puso en ese local una tienda de tejidos y posteriormente el año 1.997, inauguró allí su estudio fotográfico hasta que el año 2020 decide cerrarlo. Hoy, aunque el local sigue de su propiedad este está en manos de otra empresa.
Entre tantas historias vividas también está la de Pepe Dorado. Muchos le conocían como empleado del "Gordo Barbero" y uno de estos era D. Juan de la Rosa. Este iba de motus propio a su casa a pelarlo. Al paso de unos años D. Juan le dio trabajo como conserje en una sucursal de la extinta Caja de Ahorros de Ronda ubicada en la Calle de Alcalá de Madrid.