LOS TRINITARIOS CALZADOS EN RONDA: HISTORIA DE UNA ESPADAÑA
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En este documento nos acercaremos a la historia de la segunda casa de los trinitarios calzados en Ronda.
Aparecen con el sobrenombre de calzados para diferenciarlos de los trinitarios descalzos que son posteriores a ellos; Los Trinitarios Descalzos (reforma de San Juan Bautista de la Concepción, finales del s. XVI) surgieron como una rama más austera para recuperar la observancia original, diferenciándose de los Trinitarios Calzados o de la antigua observancia por su mayor rigor en ayunos, pobreza y vida contemplativa. A partir de 1636, se constituyeron como orden independiente.
La primera fundación de la orden en la ciudad de Ronda se data en 1.505 con "Carta de Privilegio" para su instauración, otorgada por la reina Juana (hija de los Reyes Católicos), según dispusieron sus padres antes de morir; por lo que es considerada una Fundación Real; dicho convento será inscrito bajo la advocación de Ntra. Sra. de los Remedios , denominación que conservó hasta el año 1608 en que al cederse a los Descalzos se consagró al Santísimo Cristo o Santo crucifijo.
Este edificio se elevaría en la parte oeste de la ciudad, actualmente conocida como descalzos viejos en analogía a esta circunstancia, por otro lado sabemos que coincidiría con el espacio ocupado , para la conquista de Ronda a los árabes, del clavero de la orden de Alcántara Alonso Monroy .
En este espacio, a la llegada de los frailes, ya se encontraba la ermita de la Virgen de los Remedios y es entorno a ella y en la abrupta cornisa es donde se desarrollará la vida de oración, estudio y ascetismo en la comunidad; como ya hemos dicho la localización era complicada por la exposición directa a las inclemencias climáticas, a la dureza del terreno… por lo que los frailes, a los diez años de la fundación, se plantean abandonar este emplazamiento y buscar un nuevo solar al abrigo de la población y resguardo de las inclemencias del tiempo..
Después de múltiples encuentros y discernimientos, pensaron que la mejor ubicación sería en una amplia zona situada en el barrio del mercadillo o de las curtidurías, cercano a la parroquia de Santa Cecilia (actual Parroquia de Padre Jesús).
El traslado de dichos frailes al núcleo urbano de Ronda debió realizarse a fines del mismo siglo; en torno a 1593 o 1596, pues en 1596 en los Capítulos de la Orden Trinitaria celebrados en Sevilla y Valladolid designan el Convento del Tajo de Ronda como Casa de Recoletos, dado lo inhabitable que estaba; en 1607 ya consta que los Trinitarios Calzados estaban establecidos en el nuevo Convento de la calle Real. En este cambio, los frailes se llevan la imagen de la Virgen de los Remedios que presidía el Convento del Tajo, es por ello que la nueva casa pasó a denominarse "de los Remedios". Desconocemos el momento en el que se modifica este nombre, ya que es curioso que en varios documentos ,de los que hemos consultado, aparece como convento de la Trinidad; nombre muy significativo para la orden trinitaria que va quedar plasmado en su escudo.
Para la construcción se hace necesario comprar una de las tenerías que hay en dicha zona y que popularmente se conocen como “ el tinte Viejo” a lo que hay que añadir que las obras son muy costosas y la orden no dispone de los recursos necesarios para la elevación de las dependencias monacales así como la magnífica iglesia que se quiere construir, lo que ocasionará que la finalización del proyecto se dilate mucho, de forma que en el año 1594 el convento si está terminado pero la iglesia se encuentra inconclusa.
De entre lo planificado para esta nueva construcción, cabe destacar las dos magnificas portadas de acceso. La primera permite la entrada al convento, en la calle Ríos; la segunda a la iglesia con acceso por la calle real. Sobre las puertas había inscripciones en piedra con su datación, la primera en 1697 y la segunda de 1779; esta segunda se conserva como pórtico de entrada a la capilla del convento Madre de Diós en la Calle Real.. Esta singularidad nos aclara el hecho de que en los documentos trabajados, la correspondencia una se diriga a calle real, mientras otros son destindos a calle rós.
En este decisivo momento y ante las dificultades cada vez más apremiantes para terminar las edificaciones, aparecerá la figura de Don Bartolomé Jiménez de Villalón, alférez de la ciudad, quién se compromete, mediante contrato, a la terminación de las obras de la capilla, respetando la traza original de la misma, así como los aditamentos señalados a tal fin, la iglesia tendría tres naves separadas por gruesos pilares con medias columnas adosadas, el arco triunfal tenía tres arquivoltas sobre medias columnas adosadas. Toda la fábrica, incluidos los arcos y el soporte, serán de ladrillos revocados.
los frailes por su parte le cederán el patronazgo de la capilla, así como el derecho a ser enterrados allí él y sus descendientes.
Las dificultades económicas del Alférez hacen que no se cumpla el contrato y se inicie un litigio entre Don Bartolomé y la orden trinitaria que culminará con la anulación de dicho acuerdo en el año 1.624.
Se continúan las obras hasta su finalización con más o menos suerte ya que las reformas , arreglos y añadidos no acaban , se conoce que el trabajo de terminación progresa y que no es hasta el siglo XVIII cuando se culmina la portada de la iglesia y se le anexará la espadaña.
En 1820 se hace un inventario en la casa conventual , como consecuencia de la convulsión política reinante en España y antecediéndose a las medidas que luego se han de tomar en torno a la exclaustración de los edificios religiosos.
Las discontinuidades en la fábrica del edificio y los avatares políticos como la desamortización de Mendizábal en 1.836, hacen que el edificio entre en un proceso de degradación imparable; se derrumba la cubierta del convento, se desploma el coro.. y así continúa hasta que solo se mantienen los elementos más sólidos de la edificación.
Pese a todo lo descrito anteriormente sobre el estado de conservación del edificio y al albor de la desamortización de los bienes de la iglesia, se funda en él un hospital militar, según queda recogido en las actas capitulares.
En los albores del siglo XIX el edificio estaba en estado ruinoso aunque por las descripciones que hemos conocido aún dejaba transparentar la grandiosidad del pasado; consideran que su valor sería incalculable pese a su deterioro, todo lo que quedaba en pie, estaba construido con ladrillo dormido, quedaban restos de claustros hermosísimos arqueados que estaban hundidos en su mayoría, una escalera imponente muy ancha y alta construida con mármoles de colores de una pieza cada uno, y que había sido sustraída en parte, los suelos están totalmente rotos.
Por lo demás solo quedan un montón de escombros, se destaca que cientos de puertas han sido arrancadas y robadas con excepción de la puerta de la calle que está abierta día y noche, así que el pillaje continúa sin que nadie le ponga freno.
También se localiza dentro de estos muros un almacén de maderas de propiedad privada.
A espaldas del edificio existía un terreno cubierto de frondosísimos olivos que también han sido arrancados y de la cuidada huerta, que servía para el suministro de la casa, no quedan ni las delimitaciones, es un baldío en continuidad, todo ello está para venirse al suelo.
Pese al lamentable estado de la construcción allí estuvo localizado el Colegio de San Cayetano, que era de segunda enseñanza: en él se matriculaban alumnos internos y externos, ambos vestían con uniformes azul marino completados con botones dorados, estos se distribuían en una o dos filas y era la marca que diferenciaba a los alumnos internos de los externos.
La existencia de este colegio de segunda enseñanza, donde se podía cursar la mitad de las carreras universitarias, tendrá una importancia vital para la población ya que acercaba esta formación a todos los jóvenes de la ciudad y ayudaba a las familias por no tener que desplazar a sus hijos, durante todos los años de la formación, a otras ciudades como Granada o quizás Málaga.
Pasa el tiempo por los restos del convento dejando su huella y en 1868 el monasterio aún seguía en pie, pero aún más deteriorado; continuaba un colegio de niñas, pero aquellas baldosas agrietadas también habían sido arrancadas por lo que entre la planta baja y la primera solo quedaba el entablamiento de sustentación y desde esta planta superior se veía, a través de las grietas de las maderas, la planta inferior.
Con posterioridad a esta fecha, sabemos que la parte lateral del edificio colapsó y solo se salvará la parte central del mismo.
Como ya hemos recogido, la puerta se traslada y el elemento arquitectónico más visible y destacable que nos queda es la espadaña que seguramente fuera una construcción de Martín de Aldehuela, en palabras de los regidores de aquellos años en la ciudad de Ronda: “daba sabor típico al barrio”.
Presenta dificultades por su constitución con dos cuerpos muy esbeltos y abiertos para albergar los tambores de las campanas y el paso del tiempo así como la falta de cuidado hacen que su estado sea cada vez más lamentable.
Son muchos los años en los que no hay recogido ningún documento con información de este elemento hasta el año 1946 donde encontramos un expediente que a iniciativa de la empresa Pérez Urruti S.A. donde se solicita licencia para la demolición dado el lamentable estado de conservación que presenta y el riesgo que supone para la fábrica de su propiedad ubicada en este solar, las viviendas colindantes y las personas que deambulan por sus inmediaciones
Este proceso se dilatará entre junio del 1946 a mayo de 1954, ya que las autorizaciones y revocaciones de las mismas se van a suceder en el tiempo.
En conclusión, comunica que será un arquitecto del colegio de Málaga, ajeno al arquitecto municipal, quien se desplace a Ronda y dictamine de forma definitiva sobre que se ha de hacer con esta torre.
En 1959, tenemos noticias de que la parte superior de este monumento ha sido demolido y así desaparecerá del perfil del barrio de Padre Jesús la airosa espadaña; pero por esos avatares que tiene la vida, no terminó de derruirse y un vecino del barrio nos cuenta que en la década de los 70 aún quedaba parte del basamento de la misma, como recuerdo mudo del acervo popular de esta zona de Ronda y que lamentablemente hoy ha desaparecido.
En la actualidad es una propiedad municipal que albergó en su día un colegio y ahora se encuentran allí distintas organizaciones locales y un parque infantil que alegra la vida de estos conciudadanos.