HOSPITAL REAL

Plano del hospital

La incorporación de Ronda a la corona de castilla va a marcar el inicio de esta institución, ya que desde un primer momento los RRCC ven la necesidad de contar con un hospital en la ciudad.
Las obras se van a iniciar muy pronto y van a contar con un planeamiento propio de la época. Nace como Hospital Real, lo que indica la protección o patronazgo de la corona, su gestión cotidiana la llevarían a cabo, como en casi todos los hospitales andaluces del XVI, las cofradías y las órdenes religiosas que desempeñaban un papel esencial en la ayuda y atención a enfermos sin recursos, a la procura de las limosnas, al aporte de elementos básicos como ropa o comida así como el mantenimiento del culto en la capilla del hospital.
Los primeros incorporados fueron los médicos y farmacéuticos. Entre aquellas paredes se mezclarían el olor de la cera,incienso, la cal húmeda y las hierbas medicinales secándose en la botica.
Todos los profesionales con formación universitaria eran controlados por el Real Protomedicato, institución encargada de examinar y autorizar a quienes practicaban la medicina, la cirugía o la farmacia en los reinos hispánicos.

Cada mañana, al toque de campana, el médico del hospital atravesaba el patio central y aplicaba su saber basándose en la teoría de los cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, cuyo equilibrio determinaba la salud del cuerpo, tras él caminaba el practicante o ayudante.
El médico prescribía tratamientos: dietas específicas, reposo, sangrías o remedios compuestos, en ocasiones ordenaba la intervención del cirujano-barbero, encargado de tareas manuales como aplicar ventosas, realizar sangrías o curar heridas; a su lado trabajaba practicante o pasante, que le ayudaba al desempeño de esta tarea.
Mientras tanto como recoge el plano, en una estancia el boticario también llamado apotecario, elaboraba sus preparados, molía raíces, destilaba aguas aromáticas y mezclaba ingredientes como: canela, clavo, ruibarbo o azúcar.
A su servicio trabajaba el mancebo boticario que aprendía este noble oficio que podían significar la diferencia entre la cura y el daño.

Por otro lado se incorporaron un nutrido grupo de mujeres cuidadoras (a veces llamadas “hospitaleras”) además de personal de servicio encargados de limpieza, cocina , lavandería a lo que se unió un grupo considerable de mozos que ayudaban a mover enfermos o traer agua.
Se conserva una representación, que no es fundacional sino un plano técnico del estado del edificio fechado en 1887, atribuido al arquitecto Juan Nepomuceno de Ávila y Bermúdez de Castro donde aparece la planta y el  alzado cuando aún conservaba su estructura histórica, podemos localizar las distintas dependencias con las que cuenta . Era un conjunto irregular, adaptado a la trama urbana puesto que no es un cuadrado perfecto. En él podemos distinguir varias áreas:

- Dando a la calle San Juan de Dios, actual calle Armillán, vemos la fachada. Por su trazado es un edificio sobrio con vanos regulares en el que destaca la portada central.
Este será el acceso directo desde la calle, probablemente el más monumental que conducía a un zaguán y desde él al patio central; existían otras puertas de acceso, una de ellas en la parte sur a la que se llegaba por una pequeña cuesta situada en la zona más cercana al barrio de San Francisco y se destinaba a tareas más complicadas.
- Inclusa o Casa Cuna, difícil de ubicar en el plano pero que sabemos de su existencia por el escrito del prior en 1820
- Zona hospitalaria principal donde encontramos las salas de enfermos largas y rectangulares con las camas dispuestas en fila contra el muro para prestar un control visual fácil
- Zona de servicios y dependencias secundarias, en la parte más irregular y alejadas de la fachada principal de la edificación, aparece con unas estancias pequeñas, pasillos estrechos y con angostas escaleras.
- La capilla, no es un añadido, es un núcleo esencial y desde ciertas salas se podía oír misa; presenta accesos diferenciados
- El Patio mayor será el eje principal con su función de ventilación, iluminación y circulación del edificio; también aparece un patio secundario más pequeño y asociado a los servicios y/o posible zona de inclusa o dependencias auxiliares

Su andadura va a estar muy ligada , desde sus inicios, a los hospitalarios de San Juan de Dios por medio del Hermano Pedro Pecador, fundador de espacios de beneficencia y cuidado en Sevilla, Málaga, Antequera , Arcos de la Frontera , Granada y Ronda conocido como Nuestra señora del Socorro del que nombró Superior al Hermano Pedro de Ugarte y Cerón, antiguo corregidor de Ronda.
Fundó un desierto de eremitas de carácter popular en la Sierra de las Nieves en Ronda; estableció la norma de que los hermanos que estaban en el desierto bajaran por semanas a asistir a peregrinos y desamparados de esta casa de acogida, también se vincularán a la obra social dentro del hospital real.
En 1572 fue aprobada la Congregación de Hermanos de Juan de Dios por San Pío V, y este pequeño grupo se incorporó al nuevo Instituto, pasando a denominarse hospitalarios de San Juan de dios.
Sobre la fecha de la incorporación de los hermanos como congregación, encontramos escasa documentación directa ya que su presencia era funcional, no jurídica y los hermanos eran más prácticos que administrativos pese a todo ello ,trazando similitudes con otros hospitales ,creemos que su llegada fue temprana, discreta , probablemente sobre 1580. Nos basamos en las evidencias que nos aportan distintas fuentes como es el hecho de que Ronda dependía eclesiásticamente de Málaga y que esta orden ya estaba allí desde mediados del XVI, era habitual que desde una casa fuerte se enviaran hermanos a ciudades cercanas que contaran con hospitales y nuestra ciudad lo es con respecto a la capital y mucho más teniendo presente que los eremitas ya estaban trabajando desde hace varios años en la ciudad; por otro lado conocemos de una ampliación de las instalaciones en1528 , momento en que los hermanos refuerzan su figura y empiezan a ser llamados para asesorar o colaborar en hospitales reales.
Otro dato importante es que cuando en 1818 la Orden asume oficialmente Santa Bárbara, los documentos hablan de “restitución” o “retomar” la administración, lo que implica una presencia anterior.
Todo ello nos lleva a pensar que su presencia era real entre los pasillos del hospital. y que su lllegada fue más bien un proceso discreto, no asumieron la administración formal pero sí dejaron una huella profunda. Incorporaron prácticas nuevas: separación de enfermos por dolencias, limpieza rigurosa también enseñaron a cuidadores locales y a mujeres en el desempeño de las distintas actividades propias de la enfermería y ayudaron a organizar la limosna, una tarea en la que eran maestros y esencial para mantener esta casa abierta.

Contarán con donaciones, limosnas, censos y algunos ingresos relacionados con el culto a Santa Bárbara por parte de la población, la capilla del hospital gana importancia como espacio de culto y de legitimación social.
Durante varias décadas convivió con otras pequeñas instituciones, similares a él, San Sebastián, Santa Ana …
El siglo XVII azotará a Ronda con un cúmulo de situaciones que van a tensionar mucho esta institución; se desataron grandes epidemias y las personas no contaban con alimentos por causa de las malas cosechas lo cual desencadenará una tremenda crisis económica y a todo eso los agentes de la beneficencia se tienen que enfrentar, no solo hay que sanar sino que hay que cuidar para evitar la enfermedad.
La crisis va a afectar a todas las clases sociales en mayor o menor medida y en este contexto, mientras las necesidades del hospital crecen, se tienen que asimilar una  reducción de rentas , lo que significa mayores dificultades para sostener camas, personal y mantenimiento. Una vez más tendrán que recurrir a la caridad de las cofradías locales, a las donaciones piadosas (testamentos, capellanías, limosnas); desde el cabildo de la ciudad se interviene nombrando un administrador con el fin de rentabilizar estos recursos

La historia avanza y la casa de Borbón introduce reformas administrativas y sanitarias que transforman el sistema hospitalario y la beneficencia; Se busca eficiencia, control contable ,reducción de instituciones pequeñas y se promueve la medicina más profesionalizada frente a la caridad.
Su respuesta era la única que cabía y se reducirá el número de camas y servicios orientando su función hacia la asistencia de enfermos crónicos o transeúntes.
Gestionado durante siglos por órdenes religiosas, tuvo que adaptarse a un mundo que ya no funcionaba así, aparecerán revoluciones políticas, reformas administrativas y cambios profundos en la beneficencia pública.
Las condiciones de vida eran lamentables por lo que proliferaron una serie de enfermedades de carácter social que en algunos momentos son imparables como: el tifus, el sarampión y la viruela y la epidémica de cólera morbo-asiático.
La Inclusa, en un estado casi de abandono unido a la mala alimentación, la falta de higiene y la carencia de muchos cuidados necesarios será un foco muy activo que propiciaba la aparición de enfermedades con graves consecuencias, urge actuar para evitar este proceso colectivo, pero no hay recursos ni dentro ni fuera.
En este contexto, la institución avanza hacia lo que se entiende como un hospital liberal, es decir, un centro asistencial influido por las ideas y reformas del liberalismo español  perdiendo su carácter estrictamente real y religioso.
La Constitución de Cádiz y las nuevas leyes de beneficencia transformaron profundamente el sistema asistencial español. El Hospital de Santa Bárbara pasó a integrarse en una red de beneficencia pública, cada vez más controlada por juntas civiles y por la Diputación Provincial de Málaga.
Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII vuelve al trono en 1814 y anula la Constitución de 1812 y todas las medidas liberales que habían limitado o suprimido instituciones religiosas. La Orden de San Juan de Dios, especializada en hospitales de campaña y asistencia a enfermos, fue llamada de nuevo para reconstruir y gestionar centros que habían quedado en ruinas o sin administración estable.
El Hospital de Santa Bárbara, necesitaba una institución sólida para volver a funcionary va a ser la orden de los hospitalarios , Aunque la orden había abandonado el hospital en el siglo XVIII, Santa Bárbara seguía siendo visto como un hospital vinculado a los hermanos.
No existe un acta única que marque el día exacto, pero la documentación junto con los patrones de expansión de la misma, permiten situar su llegada en la década de 1820, poco después de que los Hermanos hospitalarios recuperaran el hospital en 1818.
En 1804 la ciudad vivió un episodio de fiebre amarilla lo cual incrementó la asistencia sanitaria y por ende la urgencia de volver a contar con las manos de los hospitalarios en sus dependencias.
Por las mismas razones y en fechas casi simultáneas llegan a Ronda las Hermanas de la Caridad, se incorporan al hospital aportando disciplina, formación práctica y continuidad. Eran consideradas “mano de obra sanitaria cualificada” en un tiempo sin enfermería profesional. Todo ello permitió al Estado y al municipio mantener el hospital sin grandes gastos, ya que la congregación asumía parte del coste, con ello se convierte en un hospital más eficiente y moderno dentro de sus limitaciones.
El trienio Liberal trajo las primeras amenazas de supresión de órdenes religiosas; la comunidad hospitalaria vive bajo una constante incertidumbre política por las ideas de laicalización progresiva de la asistencia, el control estatal y municipal de hospitales y obras pías, las reformas sanitarias inspiradas en la higiene pública y la medicina científica y la reorganización de los recursos para evitar duplicidades y mejorar la eficiencia.

Aunque Santa Bárbara siguió teniendo presencia religiosa, su marco administrativo y financiero pasó a depender cada vez más del Ayuntamiento y del Estado. Este hospital, como tantos otros, ya no era solo una obra de caridad religiosa, sino una institución pública regulada por leyes .
Nos acerca a la realidad asistencial del centro la nota cuantitativa del prior de la comunidad de la Orden de San Juan de Dios (1820), fueron atendidos 170 enfermos, de los cuales resultaron curados 138 y fallecieron 32. Asimismo, en la inclusa fueron acogidos 305 niños, de los cuales murieron 172, se prohijaron 42 y quedaron en la institución 91.
Entre los documentos de la época, encontramos un  manifiesto de 1820 dirigido a los vecinos de Ronda, muestran una institución desbordada, sostenida con dificultad, siempre necesitada de donaciones y ayudas públicas para sobrevivir.
La epidemia de cólera morbo-asiático que azotó a la población en 1833, y 1855 serán momentos difíciles de superar con los recursos sanitarios que tenían.

Superados estos difíciles momentos vendrá la desamortización de Mendizábal. 
Aunque Santa Bárbara no fue cerrado, sí sufrió, pérdida de rentas procedentes de bienes eclesiásticos, se enfrentó a una dependencia total del Ayuntamiento a través de la Junta Municipal de Beneficencia.
Se decreta la exclaustración de los Hermanos de San Juan de Dios,
Sería la salida definitiva de la orden de San Juan de Dios de Ronda, un pequeño espacio de 16 años, que, aunque se inició con grandes expectativas se convirtió en un abandono silencioso, gradual.
Ante la gravísima situación de las dependencias y con la mediación de D. Isidoro Montero en el año 1873 se consigue que el Hospital Real sea consignado como de distrito, recibiendo una asignación de 30.000 pesetas que constituyó un respiro y se emplearían en reparar tanto el hospital como la inclusa.        
Otra epidemia de cólera nos va a afectar en 1885; el hospital se ve desbordado, evidenciando que las instalaciones ya no cumplen las normas higiénicas de la época.

En los primeros años del siglo XX, el hospital se mantiene como Hospital Municipal pero la precariedad es absoluta y el edificio es declarado en estado ruinoso en varias inspecciones técnicas.

Cuando estalla la contienda civil su papel se volvió crucial en una ciudad que vivió la guerra de forma directa, tenía pocas camas, escaso material médico. Dejó de ser solo un lugar de curación y se convirtió en una institución polivalente, reflejo de las necesidades sociales de la época: hospital, hospicio, asilo y casa de misericordia al mismo tiempo.
posteriormente el Comité de Defensa incautó el hospital, y declaró cesante, a todo el personal de la institución esto significó la destitución de las Hermanas de la Caridad, que fueron expulsadas o apartadas de sus funciones, la sustitución del personal religioso por personal civil y voluntarios así como la reorganización de las salas para atender a heridos y detenidos; pasó a funcionar como centro de urgencias de guerra, improvisado y sometido a una enorme presión asistiendo a los heridos de la contienda y dando atención a la población civil afectada por la escasez, el miedo y la violencia reinante; fue un microcosmos de lo que se vivió : las tensiones políticas, la improvisación por carencias de todo tipo, el miedo al devenir de la historia, la solidaridad espontánea, en la medida de lo posible y todo ello rematado por una enorme fragilidad institucional.

En los años cuarenta, la situación del hospital era crítica. Las condiciones de vida de los internos (especialmente de los enfermos mentales) fueron denunciadas como inadecuadas, y la Diputación Provincial reclamó una solución urgente. La beneficencia tradicional ya no bastaba para sostener una institución tan compleja. Poco a poco, se impuso la idea de trasladar a los internos a centros especializados y de clausurar las funciones asistenciales más antiguas.

Sobre el 1964 se produjo el final efectivo del Hospital Real de Santa Bárbara como institución histórica. Los enfermos mentales fueron trasladados a las instituciones provinciales, los ancianos a otros centros, y el viejo hospital dejó de cumplir el papel que había desempeñado durante más de cuatro siglos. El cierre no fue repentino, sino el resultado de un largo proceso de abandono y reorganización del sistema sanitario, En 1986, el cierre del Hospital Municipal Santa Bárbara de forma total, simbolizó definitivamente el paso a una sanidad moderna, alejada del modelo asistencial heredado del Antiguo Régimen.

Mientras tanto, Ronda se adaptaba a una nueva realidad. La atención médica pasó a concentrarse en hospitales municipales primero en el hospital de la calle San Vicente de Paul (en la zona del mercadillo) que conserva su nombre como homenaje a la advocación original de los Reyes Católicos y más tarde, en el Hospital Comarcal de la Serranía.

No todo quedó aniquilado ni olvidado El silencio de la Colegiata custodia, en primer lugar, un ajuar litúrgico de plata. Entre las sombras de las capillas, brillan todavía las lámparas de plata blanca repujada, fechadas en 1773, estas piezas no eran solo ornamentos, eran la luz que velaba el sueño de los enfermos y heridos en las largas noches, financiadas por legados píos de la nobleza rondeña que buscaba la salvación a través de la caridad hospitalaria. En los altares se alzan las figuras de Santa Bárbara, patrona del hospital, junto a ella, las tallas de San Juan de Dios,,San Rafael y San José recordando los días en que los monjes de la Orden de San Juan de Dios recorrían las salas del hospital con sus hábitos oscuros.
Unos hermosos cuadros, que hoy cuelgan de los muros de la Colegiata, eran el sello de identidad de la institución.
También se conservan algunos retablos, con su madera tallada y dorada, fueron desmontados pieza a pieza y llevados a su nueva ubicación.
Siempre había sido un edificio singular, de muros gruesos y silencios largos. En sus pasillos resonaban ecos de siglos pasados, como si cada piedra guardara la memoria de quienes habían entrado buscando alivio, consuelo o simplemente un lugar donde no morir solos.

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