CONVENTO DE SAN PEDRO MÁRTIR
Tras el avance de los Reyes católicos y la anexión de Ronda, estos emitieron una Cédula dada en Córdoba el 25 de julio de 1485, tras obtener el patronato regio por parte del papado, para la fundación de un convento de menores y otro de dominicos en Ronda. Esta decisión de fundación está muy cercana a las órdenes mendicantes, por su carácter singular ya que su vida estaba basada en vivir de las limosnas en las puertas de las ciudades y núcleos urbanos, a este perfil se unía el de la predicación y formación de los conciudadanos en temas como la religión, moral …; dedicarán no pocos esfuerzos y recursos para la instauración de estas órdenes en las tierras de realengo.
En 1513, la Reina Juana de Castilla, cederá a Don Juan Torres de Mendoza, capitán de los Reyes Católicos y después corregidor y gobernador de la ciudad, una serie de bienes con el fin de levantar un hospital, pero como la ciudad ya contaba con este servicio, decidió dedicar el importe de dicho capital a la elevación de la casa de los dominicos.
Urge terminar las obras para acoger a los frailes que ya están en Ronda, con tal fin los reyes remitieron al referido la necesidad de acogerlos y le apremia a localizar los inmuebles necesarios, se transformarán unas casas junto a la ermita de la Santa Cruz y recibirán muchas donaciones a tal fin.
El convento de Santo Domingo de la Vera Cruz fue uno de los primeros conventos de la Orden de Predicadores y que poco después pasaría a llamarse San Pedro Mártir el Real de la Vera Cruz de Ronda.
En un primer momento se localiza en la zona de las tenerías (barrio de Padre Jesús), de aquí y por causas desconocidas pasarían a situarse en la zona noroeste de la ciudad y que hoy conocemos como Descalzos viejos, pero tampoco consideraron el mejor lugar para sus predicaciones por lo que tienen que emprender un nuevo éxodo hasta instalarse en las del tajo;
La comunidad inicial la conformaban los monjes que venían junto a las huestes del rey hasta la ordenación capitular de los frailes dispersos, conocemos el nombre de algunos de estos como fray García de Porras y fray Martín de Villegas.
En 1495 se libra una provisión es decir , se dicta una resolución oficial (una "real provisión") para el suministro de bienes y recursos al convento.
Las obras avanzan a buen ritmo y son muchas las donaciones que van recibiendo y que les permite ampliar más y más las dependencias.
Hay que diferenciar dos partes: las dependencias monacales y la iglesia, ambas zonas son decoradas con distintos elementos en las que la orden dejará claramente gravado su heráldica con la cruz flordelisada: es la insignia principal de la Orden Dominica, un emblema que combina una cruz griega con forma de flores de lis (lirios) en sus extremos, tradicionalmente en blanco y negro, representando la pureza y humildad ligadas a la misión predicadora.
Este elemento se va seguir situando en los distintos espacios y con mucha profusión en la iglesia.
El convento consta de las distintas dependencias necesarias para cubrir las necesidades propias de la vida conventual como se recoge en plano, destacando el claustro, situado a un lado de la iglesia; en el cuerpo bajo se ubicarán arcos de medio punto muy amplios sobre fustes y capiteles corintios.
La realización de la iglesia abarca la parte final del S XV y más propiamente el SXVI y por ello encontraremos una mezcla entre el gótico, renacentista y manierista.
Su estructura es rectangular, realizada a base de gualderas y almizates. Una franja que atraviesa en sentido horizontal tiene decoración de lazo, mientras que en el resto de la decoración se alternan rosetas y escudos de la orden.
Esta decoración se extiende a los tirantes con profusión de las insignias de la orden y algunas palmas y coronas en la parte central.
Esta parte del edificio va a contar con un mayor número de legados, con el fin de tener una capilla propia dentro del recinto sagrado, esto significaba un privilegio perdurable para el fundador y sus descendientes además de alcanzar el derecho de ser enterrados en las mismas, prerrogativa que se va a mantener hasta el reinado de Carlos III.
En pocos años, por las razones antes argumentadas, la iglesia se irá llenando de capillas funerarias, las dotarán con magníficos retablos e incorporarán los blasones y armas de sus apellidos.
Algunas de ellas serían:
- Capilla del Rosario situada a la izquierda del altar mayor, quizás sería la más importante para esta comunidad, dada su localización y el título de la misma, es la única de la que, a día de hoy, se conserva parte de su ornamentación.
Su hechura se data en torno a 1506, en la capilla se entronizó una imagen de la Encarnación que el monarca católico donó a tal fin; los frailes dada su vinculación con la providencia y protección de la virgen pasaron a denominarla del Rosario.
Este cambio de advocación vendría dado por la estrecha relación que existe entre esta virgen y la orden dominica, ya que esto es uno de los elementos centrales de su espiritualidad; la tienen como patrona y protectora. Según la tradición, recibieron el Rosario de María de manos de Santo Domingo, han sido uno de los principales promotores de esta devoción, extendiéndola y creando cofradías por toda la Iglesia.
- La capilla de Nuestra Señora de las Virtudes
- La capilla del Santo Crucifijo.
- La capilla de Señora Santa Ana.
- La Capilla de San Blas
Destacar un elemento posterior a la génesis de estos altares,pero que ha llegado al día de hoy, es la sepultura de Don José de Moctezuma y Rojas. Es un enterramiento mural adosado a una de las paredes laterales del templo cercano a la capilla de la Virgen del Rosario, destaca su sobriedad, en color negro,lo cual le transfiere una sensación de recogimiento y nobleza. Su heráldica, relacionada con la rama española, sobre campo rojo (algunas veces azul) va a mostrar: el sol azteca, la serpiente emplumada y la corona condal. Por todo ello es un elemento singular a nivel artístico e histórico.
Fue casa de noviciado de 1540 a 1575, volviendo a serlo a partir de 1628.
Ha llegado a nuestros días una relación de los frailes que vivían dentro de los muros conventuales en1506: fray Gregorio de Cadahalso, vicario, fray Juan de Padilla, fray Cristóbal, fray Remidio, fray Diego y fray Juan de San Julián, e incluso el prior en 1561: Padre Maestro fray Miguel de Lara.
Durante los años en los que estaba vigente el tribunal de la inquisición, este convento no aparece en la lista de tribunales principales de Andalucía junto a Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada, sabemos que fue un centro operativo relevante y que tuvo una relación administrativa y física estrecha con la institución.
Ronda dependía jurídicamente del Tribunal de Granada, los casos importantes se trasladaban a la capital granadina para su juicio definitivo, el proceso de tipificación de los delitos mediante interrogatorios si se realizaban en él, así como asuntos locales de la misma.
Por otro lado los inquisidores de Granada realizaban "visitas de inspección" periódicas a la Serranía de Ronda para vigilar las costumbres de la población y así tener información de los ciudadanos.
A mediados del siglo XVIII, cuando el tiempo parecía discurrir con la solemnidad de las viejas piedras, murió don José María Moctezuma de Rojas, heredero de un linaje que había entrelazado su destino con la nobleza local desde los lejanos días del virreinato. Su cuerpo fue llevado al Convento de Santo Domingo, donde quedó inhumado entre muros que ya entonces comenzaban a mostrar las primeras señales de fatiga. Aquella sepultura, silenciosa y noble, se convirtió en el último testimonio de una estirpe.
La ciudad de Ronda está inmersa en las obras del puente nuevo y la cercanía del convento a esta obra hace que se tenga que modificar su delimitación, ya que es imprescindible para la conexión de los barrios del mercadillo y la ciudad; la propia situación y conformación del mismo son un problema para conectar estas dos altiplanicies y estas modificaciones hacen necesario una evaluación del convento, parece que el conjunto en esta época estaba en un pésimo estado y todas las obras realizadas en sus inmediaciones y dentro podrían haber acrecentado el proceso de degradación, esto preocupa mucho a las autoridades locales y a los frailes y así se los hacen saber, mediante correspondencia, al rey, junto a todo la anterior, la edificación sufrirá el embate del terremoto de 1756, que vino a desencadenar un deterioro más, y se fracturó la fábrica, , los elementos climáticos continuaron degradando el edificio que iba abocado a la destrucción total.
Por todo ello será en 1788, cuando el marqués de Pejas manda a Antonio Ordóñez, maestro alarife, que reconozca el estado de la fábrica del convento de Santo Domingo, él va a realizar un plano e informe del mismo que ha llegado a nuestros días.
El informe no puede ser más demoledor ya que certifica que los daños habían alcanzado a la cubierta de la iglesia por lo que el templo se calaba en su totalidad, así mismo la sala de profundis presentaba grietas en la techumbre y la nave que ocupaba el refectorio hasta llegar a la portería se hallaba hundida, y que por el desplome de la misma quedó muy afectado el coro alto; los muros de cerramientos y que colindaban con el tajo, se habían resquebrajado y eran de muy difícil acceso, en conclusión tenía un estado ruinoso; valora la reparación en 120.000 reales: La comunidad no puede ni de lejos afrontar estos gastos y será nuevamente las arcas reales las que aportarán los recursos necesarios.
La distribución del convento podemos conocerla gracias al plano que del mismo realizó el referido Antonio Ordóñez.
Al año siguiente se llevarán a cabo algunas obras de consolidación con el auxilio del rey.
Durante la ocupación francesa (1810-1812) en la Guerra de la Independencia, los dominicos vivieron un periodo de profunda inestabilidad que aceleró la decadencia de su convento. Con la llegada de las tropas y el control de los edificios religiosos, se les impusieron contribuciones forzosas en metálico y víveres que esquilmaron los ya mermados recursos de la orden.
En 1813, el edificio ya presentaba un estado de conservación lamentable. La ocupación militar impidió cualquier reparación, dejándolo vulnerable.
Tras este periodo de decadencia, vendría la desamortización de Mendizábal que provocó la exclaustración definitiva de los frailes, la disolución forzosa de la vida comunitaria y la pérdida de su patrimonio arquitectónico y artístico.
Los dominicos se dispersaron algunos pasaron a vivir de forma privada con sus familias, mientras que otros pudieron integrarse como clero secular en parroquias locales.
Tras ser abandonado por la orden, el inmueble tuvo diversos usos civiles y militares, sirvió como cuartel de caballería , hacia mediados del siglo XIX, pasó a manos privadas y una parte del edificio fue demolida para instalar una plaza de abastos a la vez que albergaba viviendas en parte del mismo, pero aquí no va a terminar este edificio ya que pasada la contienda civil, albergará la cooperativa del mueble rondeño que instaló en su interior una especie de armadura de hierro con cubierta de uralita lo cual evitó el derrumbe total del edificio: junto a este desempeño, también se centralizó allí parte de la vida cofrade de Ronda y eran varias las cofradía que tenían sus enseres allí y desde el que salían para hacer sus estaciones de penitencia.
Hoy es propiedad municipal y se encuentra dedicado a Palacio de Congresos.
