ALISTAMIENTO EN RONDA AÑO 1.691

 

 Podemos pensar que la presión que ejerce Marruecos sobre las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla es una cuestión relativamente reciente. Nada más lejos de la realidad si atendemos a los documentos expuestos a continuación y que dan fe de lo sucedido a finales del siglo XVII.
 En las últimas décadas del Siglo XVII se abatían serios problemas para la integridad de la monarquía española. La falta de sucesión de Carlos II, último monarca de la Casa de Austria, impulsó a las potencias europeas a intervenir en la política hispana. Simultáneamente, el Sultán de Marruecos Muley Ismail, iniciaba el ataque a las plazas españolas con el objetivo de eliminar la presencia española en el Norte de África. Ante este peligro en la ciudad de Ronda se convoca el año 1691 un alarde para conocer las disponibilidades de la milicia urbana.

En el testamento del último Monarca Carlos II, al designar al Duque de Anjou, nieto del Rey de Francia, Luis XIV, como heredero al trono español, desencadenaría inevitablemente un enfrentamiento bélico entre las potencias europeas. En cambio, los españoles recibieron con esperanza al nuevo Monarca Borbón, puesto que su afianzamiento en el trono entrañaría la conservación de la integridad territorial de la Monarquía y la recuperación del prestigio perdido. Así lo manifestaron públicamente los madrileños cuando el nuevo monarca entró en Madrid, un 14 de abril de 1701. Esta misma opinión la confirmaron los súbditos el 8 de mayo, día en el que el rey Felipe V juraba fidelidad y lealtad a la Corona española ante las Cortes, en la iglesia de San Jerónimo el Real,
Mantener la integridad de los territorios de la Monarquía hispana constituyó un reto para el joven rey, en el que puso todo su empeño. Cuando en 1702 se producen los primeros ataques de la flota aliada anglo-holandesa en las costas gaditanas y las tropas desembarcan sembrando el terror en la comarca, los andaluces temen las repercusiones. En la coyuntura histórica de la Guerra de Sucesión al trono español, las plazas norteafricanas como Orán, Melilla, Ceuta, Vélez de la Gomera y Mazalquivir tuvieron una relevante incidencia en los planteamientos estratégicos de la defensa de Andalucía, si bien, como indica el Marqués de San Felipe, la lejanía hizo despreciar, e incluso silenciar, la contribución de estas ciudadelas al triunfo borbónico. A pesar de la dureza de sus asedios, de la falta de víveres y municiones, de la pérdida continua de efectivos militares y de las difíciles condiciones de vida en las guarniciones, en las que convivían soldados pertenecientes a las compañías del ejército regular y a las compañías fijas de la plaza, integradas por desterrados; plazas como la de Melilla resistieron heroicamente al embate enemigo.

En años precedentes, concretamente en 1666, la dinastía alauita alcanzaba el poder desplazando a la estirpe de los saadíes del gobierno marroquí, lo que alteró la convivencia fronteriza entre las cábilas rifeñas y la plaza de Melillas.
El sultán de Marruecos, Muley Ismail, inició una nueva y arriesgada estrategia militar al intentar la conquista de las fortalezas españolas y así obligar a las guarniciones a regresar a la Península. Muley Ismail atacó y puso sitio a Mámora, Larache y Arcila. Mámora sucumbió en el ario 1681 por lo que el Monarca Carlos II se percató del peligro que corrían las otras ciudades.

 Las relaciones entre la ciudad y todas las cábilas de su región se concretaban en pactos denominados "alafias" que permitían a los rifeños cultivar las huertas y pastar ganados en terrenos bajo control melillense, y al mismo tiempo establecían relaciones comerciales fluidas que abastecían a la ciudad de gran parte de sus necesidades. Este contacto favorable, y que posibilitó cierta permeabilidad cultural entre españoles y rifeños, se iba a ver truncado por el cambio político en el sultanato.

Para evitar la deriva creciente, se ordenó al Duque de Villahermosa, Capitán General del Ejército, el rápido envío de refuerzos a Larache amenazada por el férreo cerco a que la tenían sometida los ejércitos islámicos.
Las órdenes del Monarca fueron tajantes y traslucen un serio temor de que Larache y Melilla sucumbieran ante la presión alauita si no llegaban los refuerzos precisos y en el mínimo tiempo. Y así lo refleja su carta orden al Duque de Villahermosa: "...a fin de que se gane no solo las horas, pero los instantes, por lo que urge la necesidad de socorrer a estas plazas" Añade: "... que no se puede perder de vista el gran poder que tienen hoy los marroquíes   sobre esta plaza y la de Melilla, de lo que se podría seguir pésimas consecuencias si se llegasen a perder”.

Las órdenes reales eran concretas: que se embarquen en Cartagena las tropas de infantería de la Armada en las cuatro galeras mejor equipadas con armamento de las Escuadras de Nápoles y Génova bajo las órdenes del Maestre de Campo don Pedro Fernández Navarrete.
Una vez embarcados los efectivos, debían dirigirse al puerto de Málaga para completar la dotación con soldados del Tercio de la costa, por estar éstos mejor preparados que los de la ciudad de Granada.
Los otros navíos de las Escuadras saldrían en cuanto estuviesen equipados con rumbo a Larache. Para el alimento de las tropas, durante la travesía y los primeros días de combate, se hizo una provisión de 60.000 raciones. Sin embargo, a pesar de estos refuerzos, la citada plaza sucumbió al asedio en ese mismo año 1689 y Arcila en 1691.
Los próximos objetivos militares de Muley Ismail eran abatir las plazas de Melilla, el Peñón de Alhucemas y Vélez de la Gomera; desalojar a los defensores y expulsar al invasor de sus costas. Los ejércitos del sultán de Marruecos rodearon y sitiaron la fortaleza de Melilla empleando la estrategia militar del desgaste en dos frentes distintos: atacaban las líneas defensivas exteriores de la ciudad y al mismo tiempo excavaban galerías para alcanzar la base de las murallas e intentar socavar sus cimientos para penetrar así en el interior del recinto militar.
 Las tropas musulmanas reforzaron el cerco y asedio a la plaza militar, conquistando los fuertes exteriores de San Lorenzo, el de Santiago, el de San Francisco, el de Santo Tomás de la Cantera y San Marcos de la Alborrada. Y a punto estuvieron de penetrar en el recinto urbano.

Abatida la primera línea defensiva, las tropas del sultán se encontraron frente a los muros defensivos. Por suerte para la ciudadela de Melilla, los medios técnicos con los que contaba el ejército de Muley Ismail eran precarios, pues carecían de piezas de artillería pesada que abatiera los lienzos de la muralla y abrieran brechas para penetrar en su interior. Los artilleros, que integraban los cuerpos asaltantes, tuvieron que emplear el único medio posible para doblegar a una ciudad sólidamente fortificada: la guerra de minas. Por tanto, la contienda se libraba bajo la superficie del campo de batalla, transformándose en una confrontación subterránea. La táctica a desarrollar era la siguiente: los minadores excavaban galerías por debajo de tierra hasta llegar a la base de las murallas que pretendían abatir. Cuando calculaban estar próximos a su objetivo colocaban una carga de pólvora que hacían explosionar. La voladura provocaba el derrumbe de los lienzos de las murallas abriendo brechas por las cuales podrían acceder al interior de la ciudadela. Las primeras minas militares alauitas aparecen en el sitio de Melilla en torno al año 1678 al iniciar los ingenieros del ejército musulmán las excavaciones hacia las murallas protectoras de la ciudad con intención de abatirlas. Curiosamente, en el año 1694, tras el cruento ataque, se encontraron los cuerpos de artilleros o minadores franceses en el campo de batalla. Es decir, estos mercenarios extranjeros colaboraron activamente en el asalto del presidio español norte-africano ante la incapacidad e impericia de los artilleros del sultán.

Juan José Moretti alude a estos episodios bélicos norteafricanos cuando señala que al poco tiempo de regresar las milicias rondeñas de un rebato que motivaron unas naves corsarias que, sitiando a Ceuta, amenazaban a la fortaleza de Gibraltar se tuvieron que organizar para una nueva contingencia militar.
La presión con la que el sultán de Marruecos, cercaba a la fortaleza ceutí, obligó a las autoridades locales a reconocer la capacidad militar de los habitantes de Ronda por si de tenían que acudir en ayuda de la defensa de las plazas norteafricanas, convocando para ello un alarde, es decir, una revisión de armas o alistamiento general en el año 1691. Así consta en la justificación de la confección del padrón:

"Se hace para efecto de las prevenciones para la defensa de los riesgos que amenazaban los enemigos, en particular el Rey de Marruecos, que se tiene entendido hace prevenciones para infestar estas Costas y porque estén prevenidos y resguardados los lugares".

Con esa misma preocupación el monarca Carlos II, por la Real Cédula del 21 de agosto de 1693, se dirigía a los Reinos peninsulares con los siguientes términos:

"y porque mi ánimo es más que tener hombres prontos y hábiles en el manejo de las armas, por si intentasen los enemigos entrar por las fronteras o marinas, el que les pueda hacer oposición y castigar su osadía".

Estas milicias sólo entraban en combate en caso de que la guerra llegase al interior de su propio territorio y nunca podían ser llamadas a tomar las armas para luchar fuera del mismo. Sus miembros, que continuaban su vida normal, sólo tenían como obligación acudir a los alardes que sus jefes les ordenaren. Estos eran, por lo común, hidalgos del propio lugar. Todos los que pertenecían a estas milicias obtenían grandes privilegios, entre los que merecen destacarse los siguientes:

-          Quedaban exentos del repartimiento de oficios que les pudieran servir de carga, así como la exención del repartimiento de cargas y bagajes.

-          No se les podía prender por deudas contraídas después de haber sentado plaza

Estaban exentos de embargo por deudas de armas, vestidos y cama.
 En el Archivo Municipal de Ronda, existe un Legajo marcado con el número 26 sobre el "Alistamiento general hecho en el año 1691 de todas las personas vecinas de esta ciudad de Ronda, exenta y no exenta, nobles y del Estado general desde 18 a 60 años capaces del ejercicio de las armas en virtud de Real Provisión del Consejo de 17 de julio de dicho año. Y acuerdo para las propuestas de Capitán de las Compañías de Milicias en el año 1695".

-          No estaban comprendidos en los bandos y pragmáticas que sobre la austeridad en el traje se estaban dando

-          Podían usar armas, incluso después del toque de queda.

A la nobleza se le estimula concediéndole 1 petición de hábitos de las Órdenes Militares con ocho años de asistencia a las milicias y la habilitación de estos servicios para ser oficiales en el ejército y en la armada. Sin embargo, se puntualiza que: "para gozar de dichos privilegios y fueros han de asistir a todos los alardes, así generales, como particulares, para ejercitarse en el manejo de las armas".
Una vez asignada la cantidad de hombres que formarían estas unidades y que iban en proporción al número de vecinos, las plazas se cubrían voluntariamente. Pero como esto no siempre ocurría se realizaba un sorteo entre los vecinos para completar el cupo asignado. No obstante, según Calvo Poyato, existían una serie de excepciones a la hora de realizar los sorteos.

-           Primeramente, los nobles e hijosdalgo por la calidad que han de ser ellos los capitanes y alférez, además de estar todos obligados a acudir a los llamamientos que se les hiciere con sus armas y caballos.

-          De estudiantes, uno de cada cien vecinos y los matriculados en Universidades De la Inquisición los que fueren del número, como no exceda de cuatro, menos en las ciudades donde hubiere Inquisición, que allí serán hasta veinte

-          De los labradores, los que fueren de dos arados de mulas o bueyes

-          De escribanos, el del Cabildo, y los de Número

-          Los que tuvieron cuatro hijos también deben ser exentos

-          También los que estuvieren quebrados, con rotura que llegue a hacerse bolsa grande. Los cojos y mancos que fuere manifiesto su achaque.

-          Los que no tuvieren cumplido veinte años y los que pasaren de los cincuenta

-          Un maestro de Escuela y en las ciudades dos o tres. Otro de Gramática donde no hubiere Colegio de ella

-          En la casa que cayere un hijo de familia sin ser casado o el padre, han de salir de la suerte el padre y hermanos, porque en cada casa no ha de haber más que uno; y si saliere el padre e hijo quisiere sentar por él, sea el padre libre de ello".
Desde mediados del siglo XVII se utilizaban medios de coacción para un adecuado reclutamiento como embargo de bienes, cárcel, etc. aplicados todos ellos en épocas de confrontación bélica.

Alistamiento general
El alarde, revisión de armas o alistamiento general afectaba a los vecinos y moradores de la villa que estaban obligados a prestar su servicio de armas en la hueste concejil.
Los más acomodados prestaban su servicio a caballo y la gran mayoría, los peones, lo hacían a pie. La carencia de recursos obligaba a contar con el armamento de los particulares y este debía ser controlado por el Concejo para saber en que estado de uso se encontraban. Todos los vecinos a excepción de los clérigos, hidalgos y pobres estaban obligados a participar en las revistas generales de inspección de armas que se realizaban dos veces al ario y los particulares semanalmente.
La documentación histórica nos permite recrear y conocer la realidad de la ciudad de Ronda, en la última década del setecientos, aportando datos singulares en liza al  ordenamiento general de Valladolid del año 1495 .
 Em el documento citado de
Valladolid ,la primera alusión al desarrollo de un alarde o revista la ofrece Matías Sangrador Vítores y concreta  los premios que se entregarían a aquellas personas que se presentasen mejor equipadas y fuesen más diestras en el manejo de las armas.
Se declara  que uno de cada 12 habitantes, , cuya edad oscilase entre veinte y cuarenta y cinco años, debía alistarse al servicio de los monarcas, bien para las guerras en el exterior o bien para el mantenimiento del orden interno del Reino. Los otros 11 restantes sólo serían llamados en caso de extrema necesidad.
Los que prestaron el servicio de armas recibían el estipendio correspondiente y, además, estarían exentos del pago de tributos.

Hemos de destacar la valiosa información en lo que se refiere las profesiones que ejercían según los barrios en los que habitaban, así como la actividad que predominaba en cada zona de la ciudad, es decir, el marco económico de Ronda a finales de la centuria del XVII.
Los resultados quedan reflejados en una serie de cuadros, gráficos y listados.

Se indica la necesidad de que acudan todas las personas vecinas de la ciudad, estuvieran a no exentas, desde los 18 a los 60 años capaces del ejercicio de las armas.
No figuran las mujeres, los clérigos, que estaban llamados en el mismo, los menores de 18 años, muchos de ellos aprendices, los estudiantes, los ancianos, algún miembro del cabildo o de la Real Maestranza.

El alistamiento general que analizamos fue convocado por el Corregidor, Capitán de Guerra de Ronda y su Tierra, con la de Marbella y sus Partidos, Superintendente y Administrador General de Rentas Reales y Servicio de Millones, don Alonso Pacheco, Caballero de la Orden de Alcántara, Caballerizo de Su Majestad y Regidor perpetuo asistido por los Caballeros Diputados: don Francisco Reinos Francés, el Capitán Cristóbal Vázquez Mondragón, don Juan Guerrero de Escalante y don Juan Chavero de Rivera, regidores perpetuos de la ciudad de Ronda en obediencia a la Real Provisión de Su Majestad y su Real Consejo, expedida en Madrid en 7 de julio de 1691, y del Arzobispo de Zaragoza, Gobernador del Consejo Real. Así mismo, acudieron los jurados don Antonio de Avilés y Francisco González.
Previamente había sido pregonado el alarde en todos los lugares para que los vecinos y moradores asistiesen con todas sus armas, a pie o a caballo, según sus posibilidades.
Todos los presentes hicieron juramento ante el Escribano Público y Mayor de Cabildo, Vicente del Castillo. A través de dicho juramento podemos conocer las armas que poseían, si tenían o no caballo, su edad, su oficio, su estado civil.
Las anotaciones del padrón se iniciaron el día 25 de julio, día en que se celebra al apóstol Santiago, patrón de España.

El alarde tiene valor como fuente demográfica para conocer la ciudad en las últimas décadas del reinado de Carlos II con la ausencia de los no aludidos en dicho escrito y que constituían un conjunto importante de la población, pese a ello tiene gran relevancia al poder valorar desde aquí los estragos causados por la epidemia de 1680.

Valentín Fernández Vargas destaca que Ronda contabilizaba en ese mismo año unos 2.400 habitantes. En cambio.
Juan Antonio Estrada señala para Ronda el número de 3.900 vecinos, agrupados en 3 parroquias, y 4 conventos de religiosos y 2 de monjas, manifestándose en estos datos una notable diferencia con la cifra anterior.
Si tenemos en cuenta el relato de Moreti en el que manifiesta que la escasez de agua en los años 1678 y 1679 fue la causa de la propagación del contagio denominado del "catarro" que causó una gran mortandad en la población. No precisa datos, pero sí destaca que todas las calles se vieron afectadas. De entre estas reseñamos una, que desde entonces se la denominó "de los muertos”,

La situación debió de ser tan extrema, que fue necesario que el Obispo Fray Alonso de Santo Tomás solicitase la presencia de los hermanos de San Juan de Dios para que se hicieran cargo del hospital de Santa Bárbara, por falta de personal que atendiera a los contagiados. La presencia de los hermanos de San Juan de Dios en Ronda hizo posible que se ampliase la enfermería para albergar a un mayor número de enfermos.


Otra circunstancia que tenemos que considerar es el terremoto acaecido en nuestra ciudad y dado lo considerable de los destrozos que ocasionó, está claro que la población también tendría que ser afectada por el mismo.
Hay dos fuentes que datan con fechas distintas el terremoto que destruyó parte del templo de Santa María. Entre estas hay un siglo de diferencia (1.580 y 1680, una horquilla demasiado amplia), y ambas relatan la virulencia del mismo.
Una de las consecuencias más visible fue el derrumbe de la fachada del Norte del templo, por lo que hubo que trasladar urgentemente los enseres, las imágenes y el archivo a las iglesias más cercanas.

De todo ello deducimos que la mortandad debió ser considerable con la consiguiente merma de efectivos humanos, por lo que el número aportado en el primer estudio, parece ser más acorde. con la población de Ronda.

A mediados del siglo XVIII, en el Catastro de Ensenada se constata que el vecindario de Ronda se componía de 2.420 vecinos y en las casas de campo y alquerías se contabilizaban unos 20 más.
Otra fuente demográfica ofrece el censo de 1769 que sitúa el número de habitantes en 11.773, cifra muy similar a la que aparece en la Relación que el Obispado de Málaga remite al Geógrafo Real, Tomás López, entre los años 1779 a 1782, en que se señala 2.112 vecinos para la ciudad de Ronda, las cifras que arrojan los informes del obispado malagueño coinciden con las apreciaciones de Domínguez Ortiz".

Pascual Madoz cifra en 3.543 el número de vecinos para los años 1845-1850.
Para albergar a la población se habían recontado 1.212 casas, 159 camaretas, 21 edificios inhabitables y 49 solares.

Señala, que, en el año 1845, cuatro parroquias y una auxiliar, entre las cuales la de Santa María de la Encarnación detenta el título de Mayor. Las otras son la de Santa Cecilia, la del Espíritu Santo la del Socorro. La iglesia del convento de trinitarios descalzos servía como auxiliar de Santa Cecilia.

A la luz de todo ello. el número de alistados que aparecen reflejados en el alarde del año 1691 es de 1.820, cifra en la que, como indicamos anteriormente, no figuran las mujeres, ni los clérigos, que estaban exentos, ni los menores de 18 años, muchos de ellos aprendices, ni los estudiantes, ni los ancianos de edad de más de 60, además de algún miembro del cabildo o de la Real Maestranza, repartidos en las tres collaciones parroquiales.
El listado aporta la singularidad de notarse en él, sin que sepamos la razón, 2 jóvenes menores de 18 años, uno con 15 y otro con 16, y 3 de edades comprendidas entre los 65 y los 68 años, fuera de los rangos señalados a tal fin.
Además, encontramos tres referencias al sexo femenino al anotar el Escribano Mayor de Cabildo, Vicente del Castillo, "El marido de la Cobena, 40 años", o "Francisco, el hijo de Constanza de Rojas", o "Pedro, hijo de la viuda de Teba".

 

 

Lugar de residencia de los alistados por calles

 

Lugar residencia

Total

Sin Armas.

Con Armas.

 

Bajada a la Puente desde la Calle de las Boticas

37

24

13

 

Barrio del Señor San Francisco, Plazuela y Polvero

53

47

6

 

Calle de Albertos y de la Bola

37

34

3

 

Calle de Figueroa

16

14

2

 

Calle de Gracia

7

7

0

Calle de Granada desde el Caño de Pedro Mateos

58

47

11

 

Calle de Juan Méndez Moreno

8

7

1

 

Calle de Juan Pabón, por lo bajo

64

60

4

 

Calle de la Ermita

21

19

2

 

Calle de la Fuente de Cantos

29

26

3

 

Calle de la Mina

10

8

2

 

Calle de la Naranja hasta lo alto

37

33

4

 

Calle de la Parra

16

15

1

 

Calle de las Boticas

96

75

21

 

Calle de Casas Pintadas a Sto Domingo y Da Elvira IP Caballero

43

37

6

 

Calle de las Monjas y Clavero

11

10

1

 

Calle de las Monterrejas, por alto

14

12

2

 

Calle de las Peñas

27

24

3

 

Calle de los Remedios, por lo alto

89

85

4

 

Calle de los Remedios, por lo bajo, remata

22

20

2

 

Calle de los Vicentes

21

17

4

 

calle de Montes, por lo alto

29

22

7

 

Calle de Puya entrando por la de Peñas

67

56

11

 

Calle de San Acasio

53

49

4

 

Calle de San Francisco, empezando por lo alto

113

104

9

 

Calle de Setenil hasta lo alto

31

27

4

 

Calle de Sevilla, por lo alto

185

155

30

 

Calle del Cerrillo

25

22

3

 

Calle del Ganado hasta lo alto

22

22

0

 

Calle del Hospital desde el Peso de la Harina

51

32

19

 

Calle del Linaseno

23

22

1

 

Calle del Portichuelo para lo alto

13

12

1

 

Calle Empedrada, Horrillo, Prado, Ruedo de la Alameda, corral.

53

46

7

 

Calle Horno Barranco para lo alto

68

57

11

 

Calle Lozano

14

13

1

 

Calle Luna y Pozo de la Merced

9

8

1

 

 

Calle Marbella hasta tras de Nuestra Señora de Gracia

32

28

4

 

Calle María Cabrera

31

23

8

 

Calle Nueva

16

14

2

 

Calle Real desde la Puente

50

34

16

 

Calle Torrejones, empezando desde la Alameda

100

84

16

 

Calle Zamorano

11

10

1

 

Cuevas y Calle de la Pileta

10

9

1

 

Curtidurias

33

29

4

 

El Castillo intramuros

49

27

22

 

Puerta de la Sijara y Goleta

16

12

4

 

Total, individuos

1820

1538

282

 

A mediados del siglo XIX, Ronda contaba con unas 95 calles distribuidas entre los tres barrios de la ciudad: el Mercadillo, la Ciudad y el de San Francisco. Pascual Madoz indica un mayor número de calles, situándolas en 108. En la zona Oeste se encuentra el barrio del Mercadillo, que con anterioridad se le conocía como el barrio de la Puente, de anchas casas construidas a cordel sobre una llanura, conforme a las Ordenanzas Municipales de 1588. En este barrio se asentaron hombres y mujeres que llegaron a Ronda como nuevos vecinos, por lo que los edificios que se construyeron en la Carrera de Espinel y en la Plazuela de Alarcón para albergarlos constan de amplios balcones y cierros de cristal.

En el extremo Sur de ese mismo barrio se encuentran otras casas agrupadas en torno a la parroquia de Santa Cecilia, adaptadas a la irregularidad de las calles debido al desnivel conforme bordean el río. El barrio del Mercadillo se encuentra unido al de la Ciudad por un magnífico puente de cantería sobre el río Guadalevín, obra de ingeniería del siglo XVIII.
En este espacio urbano aún se conservan las vías de tránsito estrechas y sinuosas, incluso alguna empinada, bordeadas de construcciones domésticas embellecidas con arcos, columnas, artesanados y arabescos que revelan la procedencia aristocrática de sus dueños. Junto a estas se han levantado otras edificaciones de nueva construcción que embellecen la barriada. Situada en el centro se encuentra la Plaza de Santa María, amplia y extensa, aunque se figura irregular e incómodo.
Una vez pasada la muralla, se extiende el barrio de San Francisco, nombre que rememora el convento que tanta influencia tuvo en el pasado. Hoy solo se conserva la iglesia y algunos lienzos, las calles son rectas y espaciosas con edificios notables. En el centro de la barriada se encuentra la plaza principal, en la que antiguamente se realizaban las carreras de caballos y en la que los maestrantes se ejercitaban en el manejo de las armas y en sus ejercicios ecuestres. Bordeaban la plaza dos hileras de asientos.

 

De estos tres barrios acuden los vecinos ante la llamada del Corregidor para presentarse y declarar las armas que constan en su poder, así como los datos requeridos.
En las seis calles que comprendían el barrio de la Ciudad, vivían 293 de los alistados.
En el de San Francisco 403 y 1124 en el del Mercadillo.
La calle más extensa es la de Sevilla, en el Mercadillo, en donde tienen su domicilio 185 de los hombres censados, mientras que la más corta es la de Gracia, también en el Mercadillo, en la que sólo aparecen 6 alistados. Curiosamente se puede realizar una reconstrucción del callejero porque la mayoría de las calles siguen manteniendo en la actualidad el mismo nombre.

Así en el barrio de San Francisco encontramos reflejado las calles donde residían los alistados: Plazuela, Polvero, Marbella hasta Nuestra Señora de Gracia, San Acacio, San Francisco, Torrejones, Empedrada, Prado, Ruedo de Alameda y Corral de Vacas.

Por lo tanto, de los 1.820 alistados 293 habitaban en el barrio de la Ciudad, 403 en la barriada de San Francisco y 1.124 en el Mercadillo.

Si comparamos estos datos con el Censo de 1769, en el que los datos de población corresponden a las parroquias censadas y quedan reflejadas por tramos de edad y por sexos, podemos deducir que en la parroquia de Santa María, en el barrio de la Ciudad, se contabilizan 2.483 almas, 1.058 de las cuales son varones y 1.405 mujeres.

Por tramos de edad útiles para el alistamiento, se constituyen de la siguiente forma:
- de 16 a 25 años 110
- de los 25 a los 40 años 245
- de los 40 a 50 años 125
- mayores de 50 arios a 159.
Sumando un total de 639.
En estas cifras no computarían 216 niños y a los 203 adolescentes, así como los eclesiásticos, los religiosos.

En el barrio de San Francisco la parroquia que agrupa a los feligreses es la del Espíritu Santo, que contabiliza en el ario 1769 un total de 2.175 almas de las cuales 1.127 corresponden a varones y 1.048 a mujeres.
Los tramos de edad útiles para el alistamiento los siguientes:

- de 16 a 25 años191
- de los 25 a los 40 años 192
- de los 40 a 50 años 118
- mayores de 50 arios a 95.
Sumando un total de 596 hombres hábiles para acudir a la urgencia militar. Esta cifra se alcanzaría al excluir a los 209 niños y a los 322 adolescentes.

Por último, en la parroquia de Santa Cecilia, en el barrio del Mercadillo se contabilizan 7.115 almas 3.311 de las cuales son varones y 3.774 mujeres. De los 3.311 hombres se registran en los tramos de edad:
- de 16 a 25 arios 494
- de los 25 a los 40 años 697
- de los 40 a 50 años 351.
- mayores de 50 años a 496.
Sumando un total de 2.038. Esta cifra se alcanzaría al excluir a los 592 niños y a los 681 adolescentes.



Tipología de las armas y su cuantificación de las mismas.

En estos datos, destaca en primer lugar que de los 1820 alistados 1538 vecinos declaran no poseer armas, es decir un 85%., y es el grupo que posee un mayor número de personas. especificar


Armas presentadas
 

alistados

Sin armas

Con 1

Con 2

Con 3

Con 4

Con 5

Con 6

Con 9

1820

1538

250

25

2

2

1

1

1


El tipo de arma más común son las escopetas seguidas de picas, arcabuces, alabardas, lanzas, mosquetes, medios cañones y adargas.
A partir del siglo XVI la Caballería cuando pierde su supremacía a favor del arma de Infantería. Se generaliza el uso del arma de fuego de pequeñas dimensiones que puede ser manejada por un solo hombre. Entre las armas ofensivas para atacar al enemigo y dejarle fuera de combate están: dardo, venablo, chuzo y cuchillo junto a la pica, la espada y la daga; también llamadas armas blancas por el color del acero.

 

Tipos de armas presentadas

-          Adarga: Escudo de cuero, de gran aplicación para los juegos de cañas y alcancías. No tenían armazón ni otra resistencia que la de las pieles, dobladas, plegadas y fuertemente cosidas.

-          Lanza: Arma ofensiva consistente en un asta o palo largo en cuya extremidad está fijo un hierro puntiagudo y cortante a manera de cuchilla.

-          Pica: La pica estaba formada por un hierro engarzado en una asta de madera dura, normalmente de fresno. En la parte superior, el hierro o moharra se dividía en tres partes: la punta o cuchilla que podía tener diferentes formas punzantes: de hoja de olivo, de hoja de laurel, apuñalado, de cuatro esquinas, de diamante.

-          Alabarda: También era un arma ligera y de menor longitud que la pica. Llevaba un hierro muy característico, que tenía en la parte superior una hoja estrecha y puntiaguda de unos 30 cm de largo con filo en los dos lados. En la base de la hoja y perpendicular a ésta, se encuentra la veleta, pieza que por un lado termina en pico o gancho y por el otro en hoja de hacha.

-          Arcabuz: Era un arma de fuego portátil, de avancarga, de ánima lisa, con cajón de madera, dotada para su funcionamiento de un mecanismo especial llamado llave de serpentín. Dispara proyectiles de unos 40 gr. de peso y su distancia eficaz de empleo era entre 15 y 20 m. Su equipo consistía en una bandolera de la que colgaban pequeños recipientes con la carga de pólvora para cada disparo previamente medida, un frasco de polvorín y otro de pólvora, una bolsa para las balas de plomo que ellos mismo fundían, un rollo de mecha para dar fuego al arma, eslabón y pedernal para encenderla y un rascador para limpiar el arma.

-          Mosquete: Durante el siglo XVI se extiende el uso del mosquete que es, en realidad, un perfeccionamiento del arcabuz. La diferencia consiste en el cañón, hecho de listones de hierro soldados por forja, y de mayor longitud (126cm). Al ser su peso mayor, no podía apuntarse sujetándole con los brazos, se apoyaba en una horquilla, dándole fuego igual que al arcabuz. Su alcance aumento a 300m y su potencia era mayor.

-          Escopeta: Arma de fuego con ánima lisa, más ligera que el arcabuz y el mosquete, utilizada para la caza. La diferencia principal con aquellas es el proyectil empleado, mientras en las dos primeras se dispara una sola bala redonda en la escopeta se tira con perdigones.

El número total de armas presentadas por los 1820 hombres convocados al alarde para su revisión es de 334; de las cuales 267 son de fuego (225 escopetas, 4 mosquetes, 35 arcabuces y 3 medios cañones) y 67 armas blancas (52 picas, 7 alabardas, 6 lanzas y 2 adargas).

 

escopetas

picas

mosquetes

alabardas

arcabuces

otras

blancas


fuego

total

225

52

4

7

35

11

67

267

334



 

Poseedores de otras armas

Armas de fuego
nombre

Armas presentadas

Total

escopeta

mosquete

arcabuz

alabarda

pica

otras

fuego

blancas

total

de Campos, Juan Jerónimo

2

0

4

0

1

2 adargas y frascos

6

3

9

González, Fernando

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de Albendin, Bartolomé

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

García de León, Juan

0

0

0

1

0

frascos

0

1

1

de Pangua, Bernabé

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

García, Marcos

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Muñoz, Juan

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Sánchez Gallego, Francisco

o

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de Mira, Gabriel

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de Espinosa, Francisco

0

0

2

0

0

frascos

2

0

2

Muñoz, Francisco

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Morejón Orón, Jorge

0

3

0

0

0

3 medios cationes de artillería

6

0

6

de Ahumada Juan

2

0

0

0

1

2 lanzas

2

3

5

Martín, Antonio

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Laso de la Vega, martín Carlos

1

0

0

0

1

2 lanzas

1

3

4

de Ahumada y Mendoza' Bartolomé Felix

0

0

0

0

2

1 lanza

0

3

3

García, Juan

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

López, Francisco

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Lobato, Miguel

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Ramírez, Pedro

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Holgado, Rodrigo

1

0

1

0

0

frascos

2

0

2

López, Juan

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Herrera, Alonso

0

1

0

0

0

frascos

1

0

1

Sánchez, Bartolomé

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

González, Francisco

1

0

1

0

0

frascos

2

0

2

Martín, Manuel

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Blanco, Cristóbal

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de la Cava, Agustín

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Mariscal, Pedro

1

0

1

0

0

1 lanza

2

1

3

de Chaves, Diego

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de los Reyes, Pedro

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

de Puya, Alonso

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

Mateos, Gregorio

0

0

1

0

0

frascos

1

0

1

 

 

 

Poseedores de armas blancas
 y de fuego
nombre

Número de Armas presentadas   Total armas

 

escopeta


pica


mosquete

alabarda


arcabuz


otras

blanca

fuego

total

de Campos, Juan Jerónimo

2

1

0

0

4

2 adargas

3

6

9

de Ahumada, Juan

2

1

0

0

0

2 lanzas

3

2

5

Bázquez de Mondragón, Gaspar

2

2

0

0

0

 

2

2

4

Laso de la Vega, Martín Carlos

1

1

0

0

0

2 lanzas

3

1

4

Mariscal, Pedro

1

0

0

0

1

1 lanza

1

2

3

García, Diego

1

0

0

1

0

 

1

1

2

Guerrero de Escalante, Juan

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Reinoso Francés, Francisco

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Laso de la Vega, Juan Florencio

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Beltrán, Bartolomé

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Holgado Carvajal y Sandi, Alonso

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Morejón Girón, Nicolás

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Naranjo, Pedro

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Ignacio, Esteban

1

0

0

1

0

 

1

1

2

Muñoz, Alonso

1

0

0

1

0

 

1

1

2

Moreno Bázquez de Mondragón, Manuel

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Vasco de Ruara, Francisco

1

1

0

0

0

 

1

1

2

de Rivera Chavero, Juan

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Morejón Gjón, Iñigo

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Bázquez de Mondragón, Juan

1

1

0

0

0

 

1

1

2

de la Calle Moreno, Alonso

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Guerrero de Escalante, Martín

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Muño de Salcedo, José

1

1

0

0

0

 

1

1

2

de Torres, Cristóbal

1

1

0

0

0

 

1

1

2

Holgado Carvajal y Sandi, Gaspar

1

1

0

0

0

 

1

1

2

 

 

Edades de los alistados con el estado civil declarado

 

edad

personas

Estado Civil

no consta

casado

casado?

soltero

viudo

no consta

10

6

 

 

4

 

menos de 20

76

11

4

0

61

0

entre 20 y 29

453

38

198

0

217

0

entre 30 y 39

636

23

557

0

56

0

entre 40 y 49

430

15

389

1

23

2

entre 50 y 59

210

3

185

0

18

4

60 o más

5

1

2

1

0

1

Total

1820

97

1335

2

379

7

 

El desglose por edades es el siguiente:

 

-          Los más jóvenes, entre los 15 a 19 años no sobrepasan el número de 76.

-          Los componentes de la década entre los 20 a los 29 constituye una cifra considerable, 453 vecinos.

-          -De entre 30 y 39 años arroja 636 varones mientras

-          De 40 y 50 la cifra asciende a 430.

-          los de más de 60 años, 5 individuos que se presentan al alistamiento.

Como se deduce de la siguiente gráfica los dos picos coinciden con los vecinos que acuden a la revisión entre los 30 y 40 años siendo menor la presencia de los mayores de 60 años, con 5 representantes y los jóvenes que no han cumplido los 20 arios que apenas sobrepasan los 75 hombres.

Si llevamos a cabo un análisis del barrio por el que se encuentran distribuidos por edades

Por lo que respecta al estado civil de los hombres que acuden a la revisión de armas en 97 anotaciones no consta este dato. 1347 figuran como hombres casados, es decir un 74%; 376 solteros, en torno al 21 % y 7 viudos, no llega al 1%; de 2 se cuestiona si están casados o solteros.

 

 

 

 

 

A MODO DE RESUMEN

     Después de todo lo expuesto anteriormente y a modo de cierre, me permito dos reflexiones:

-          la importancia y valor de nuestro archivo histórico, entendido como el gran préstamo de las generaciones venideras y sobre el que tenemos la obligación, no solo de cuidar, sino de divulgar; solo lo conocido se valora.

 

-          los habitantes de la ciudad de Ronda han demostrado con creces y a lo largo de su dilatada historia la entrega, valentía y lealtad en los momentos en los que se les necesitó.
No fue solo al defender las ciudades norteafricanas, también ante la invasión napoleónica el pueblo junto a los nobles aquí afincados logró expulsar al invasor teniendo en cuenta la escasez de hombres, de armas, de formación… lo que no fue escusa para lograr sus objetivos.

 

 Los rondeños hacen así realidad el lema de nuestra ciudad y que lleva inscrito en su escudo: “RONDA, FIEL Y FUERTE.