Comandante Salvador Carrasco en Ronda

COMANTANTE SALVADOR CARRASCO GARRIDO

Foto del comandante

En las calles de Ronda hay nombres que el tiempo transforma en costumbre. Se pronuncian deprisa, se leen de pasada en una placa desgastada por el sol, y pocas veces alguien se detiene a preguntarse quién fue la persona detrás de aquellas letras. Sin embargo, la calle dedicada al comandante Salvador Carrasco guarda la memoria de un hombre cuya vida estuvo marcada por la disciplina militar y una profunda vinculación con la ciudad que lo vio nacer.

Salvador Carrasco Garrido nació en Ronda el 23 de abril de 1913, en una época muy difícil en la que se forja la vocación que acabaría llevándolo a ingresar en la Academia de Infantería, donde comenzó a forjarse el carácter de un oficial destinado a recorrer algunos de los momentos más significativos del siglo XX español.

Su carrera militar y su formación se desarrollarán en los años en los que numerosos oficiales españoles eran enviados al Protectorado de Marruecos, escenario de las campañas africanas que marcaron a toda una generación de militares. Allí, aprenderían desde la cruda realidad los conceptos básicos de su vida castrense.

Carrasco no fue una excepción. Los registros de su expediente nos hablan de su participación en las operaciones del Rif.
Por su actuación y méritos de guerra, recibió diversas distinciones militares, entre ellas destacaban las Cruces del Mérito Militar, así como la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, una de las máximas distinciones destinadas a premiar la constancia en el servicio y la conducta intachable, no se entregaba únicamente por antigüedad, sino como reflejo de toda una vida dedicada a la institución militar; más allá del reconocimiento oficial, estas condecoraciones simbolizaban años de servicio en escenarios donde la vida y la muerte se encontraban separadas por una decisión tomada en segundos.

Con el paso del tiempo, su trayectoria fue consolidándose en cargos que implicaban una enorme responsabilidad tanto en el ámbito operativo como en la organización interna de los cuarteles.
Desde sus labores de mando administrativo y operativo, ejerció una autoridad firme pero cercana, integrándose plenamente en la vida local. Para muchos ciudadanos, el comandante representaba el modelo clásico del militar de su tiempo: disciplinado, leal y comprometido con sus obligaciones.
Su historia quedó finalmente envuelta en un halo de tragedia al desaparecer en un accidente aéreo el 12 de junio de 1963, cuando contaba con 50 años de edad; la nave era un Junkers Ju 52 (conocido popularmente como "Pava") del Ejército del Aire español. La aeronave desapareció mientras realizaba un trayecto entre el aeródromo de Gando (Gran Canaria) y el de Los Llanos (Albacete), se desconocen las causas del accidente tras el cual el avión quedó en paradero desconocido. Durante varios días, se desplegó un operativo de búsqueda intensivo por el mar y zonas terrestres, ya que el último contacto se produjo sobre el Mediterráneo/Atlántico antes de entrar en la península. El resultado fue nulo y no se volvió a tener noticias de los doce pasajeros ni se encontró resto alguno del aparato.
 La noticia conmocionó a quienes lo conocían y puso fin a la trayectoria de un hombre cuya vida había estado marcada por el deber y el servicio.

Actualmente, gran parte de la información sobre su carrera permanece custodiada en el Archivo General Militar de Segovia, donde se conservan los expedientes personales de numerosos oficiales del Ejército de Tierra. Allí, entre documentos envejecidos por el tiempo, continúan guardados los rastros de su trayectoria: las hojas de servicio, los destinos, los ascensos y las condecoraciones que definieron su vida.

Su figura, en cierto modo, el retrato de toda una generación de militares españoles que atravesaron guerras, cambios políticos y décadas de transformación social. Hombres formados bajo el rigor de la disciplina, enviados a territorios lejanos y convertidos después en autoridades locales dentro de las ciudades donde servían.

Con el tiempo, la ciudad de Ronda decidió perpetuar su memoria dedicándole una calle. El nombre de comandante Salvador Carrasco pasó así a formar parte del mapa urbano y de la memoria colectiva de la ciudad. Aunque muchos vecinos desconocen hoy los detalles de su biografía, aquella placa sigue recordando la existencia de un militar cuya vida transcurrió entre la disciplina de los cuarteles y el profundo vínculo con su tierra natal.
Hoy, cuando alguien cruza la calle que lleva su nombre, quizá no imagine la historia que se esconden detrás de aquel comandante rondeño.

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