Epidemias en Ronda

LAS EPIDEMIAS EN LA CIUDAD DE RONDA

Traje aislante siglo XVII
  careta del médico de la muerte

 

Las epidemias nos han acompañado a lo largo de nuestraexistencia, son historias de muerte, de sufrimiento y de grandes sacrificios.
La mala alimentación, el desconocimiento sobre el origen de ciertas enfermedades muy contagiosas, junto a la carestía de galenos y medicamentos, amén de la falta de higiene, han sido los aliados perfectos para propagar una enfermedad.
Así durante muchisimos años hicieron que la tuberculosis, el tifus y el cólera se cebaran sobre todo con la población mas vulnerable . Aunque la verdad es que daba igual ser rey o mendigo, si te contagiabas, pocos eran los que se salvaban.
De la primera epidemia de cólera morbo asiático de la que tenemos noticia, sabemos que se padeció especialmente en nuestra comarca entre los años 1.833 y 1835.
Antes de proseguir debemos aclarar, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
El curso de la epidemia de cólera en Andalucía (1833-35)
Es suficientemente conocido que la Península Ibérica fue afectada por la primera pandemia de cólera asiático en 1833 a través de Portugal, desde donde la enfermedad se hizo notar en puntos próximos, tales como Vigo en febrero y Huelva, Sevilla y Badajoz en agosto-septiembre.
En territorio andaluz el cólera subsistió a lo largo de 16 meses. entre agosto de 1833 y enero de 1835. El relato tradicional de la epidemia. que limitaba al occidente de Andalucía
la presencia de cólera durante 1833 se achacó a la llegada en ese verano de un cuerpo de ejército procedente de Portugal.
La epidemia se extendió durante el otoño de 1833 desde las provincias occidentales a las orientales por medio del tráfico marítimo y terrestre. persistió allí en distintos focos (especialmente la cuenca del Genil y la serranía de Ronda) durante el invierno y la primavera siguientes, para retornar posteriormente hacia poniente durante el verano de 1834 contagiada principalmente por los temporeros que acudían a las faenas agrícolas de las campiñas bajo andaluzas. en algunos casos, eran los contrabandistas los que propagaban la enfermedad.
Esta marcha pendular hizo que. en muchos puntos. se presentara un segundo brote colérico.
La prolongada presencia de la epidemia en el suelo peninsular se produjo en medio de una complicada situación política. la reforma del régimen absolutista tras la muerte de Fernando VII y el comienzo de la primera guerra carlista.
Su extensión entre la población y la gravedad de sus efectos motivaron una alarma tan enorme como la que antes acompañó a las grandes epidemias de fiebre amarilla o de la peste. Como entonces, el principal recurso preventivo fue la disposición de barreras a la libre comunicación. tanto por vía marítima como terrestre (cuarentenas y cordones sanitarios) que se implantarían desde 1831.
En Andalucía se aplicaron las primeras limitaciones entre el 18 y el 24 de agosto de 1833, ante la noticia de que en Gibraltar se padecía una enfermedad "sospechosa". En febrero de 1833 se cerró la frontera con Portugal. habilitándose tan solo oun único punto de entrada por cada provincia fronteriza y obligando a los viajeros a guardar cuarentena. Se decretó incomunicación para Huelva, el 28 de agosto de 1833, la primera ciudad andaluza donde se
declaró cólera, medida que se hizo extensiva al conjunto de la Capitanía General de Andalucía (que correspondía con las provincias occidentales) y Extremadura
a partir de el 24 de septiembre.
Estas medidas extremas que iban aplicándose a cada localidad donde se reconocía oficialmente la existencia de «cólera morbo asiático», se levantaron el 13 de febrero de 1834, salvo para la ciudad de Granada y sus alrededores.
El recrudecimiento de la epidemia en el verano siguiente conllevó, por segunda y , se creyó, última vez en la historia, el aislamiento completo del territorio andaluz, mediante un "cordón sanitario" formado por tres pares de líneas extendidas desde Fregenal de la Sierra hasta Lorca (Reales Ordenes de 9 y 19 de junio de 1834).
La incomunicación fue levantada en agosto, visto que el objetivo perseguido (limitar la extensión de la enfermedad epidémica) no se había conseguido y dadas las dificultades que tales medidas suponían para la vida diaria, especialmente para las actividades económicas.
La mayoría de los médicos pasaron de defender las medidas de incomunicación a combatirlas, pues e experimentaban negativamente sus efectos. Las cuarentenas, -escribió un médico de Granada, "son insoportables, incluso más que el cólera.
Desde ese momento la política preventiva oficial renegó de las cuarentenas y cordones, para concentrarse en medidas de saneamiento urbano y en el auxilio a los enfermos.
El registro oficial más completo de datos referentes a enfermos y muertos por causa del cólera en Andalucía durante la primera pandemia corresponde. hasta donde sabemos, a un Bando editado en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba del año 1835. En él, a la vez que se informaba de la disolución de la Junta de Sanidad cordobesa encomiando su actuación, apareció publicada una relación o Nota de los pueblos de la provincia que habían padecido el cólera. En dicha nota se incluían el nombre de la población, fechas de inicio de la enfermedad, así como el número de personas contagiadas, curadas y fallecidas en cada una.
Las poblaciones se ordenaron por la fecha de comienzo de la epidemia. Proviniendo de la autoridad sanitaria provincial, dicha relación debió ser compuesta a partir de las distintas noticias remitidas por las Juntas Municipales.
Como hemos señalado en otra parte , se produjeron importantes resistencias sociales y médicas a aceptar la existencia de cólera asiático, lo que se tradujo en la práctica en largas disquisiciones acerca del carácter de la enfermedad reinante, cuyo resultado más palpable fue el retraso en admitir la presencia de la epidemia en ciudades determinadas. De este modo, las fechas de comienzo de la enfermedad son escasamente objetivas y casi siempre tardías, registrándose casos de «cólicos» u otros padecimientos similares -no reconocidos como epidémicos- con implicación a las mismas.
Un ejemplo lo tenemos en lo ocurrido en Jerez de la Frontera. a principios de junio de 1834, donde se acallaron las sospechas sobre los primeros casos achacándolos al consumo de carne de oveja en malas condiciones.
Otra vertiente del mismo problema consistía en que los médicos reunidos corporativamente, negaran que fuera cólera la enfermedad que se padecía. lo que privaba a la autoridad civil de capacidad para actuar como estaba previsto en tales situaciones. Tal fue el caso prototípico de Granada, donde reinó epidémicamente el mal asiático mes y medio sin que oficialmente existiese dicha epidemia.
La segunda epidemia ocurrió en nuestra ciudad en 1.885. Se dio a conocer en el pleno del ayuntamiento celebrado el 6 de marzo por su alcalde presidente Don Francisco Corona Leiva , nada más comenzar el pleno hace partícipe a los concejales de una noticia que sin duda los debió dejar consternados
después de lo ocurrido en la primera epidemia:

" que habiendo llegado el día de ayer a su conocimiento que en el barrio de San Francisco se han presentado algunas enfermedades con síntomas sospechosos, había dado órdenes al subdelegado de Sanidad para que, acompañado de los facultativos que él designara, verificase inmediatamente un reconocimiento de los enfermos, remitiendo su informe autorizado que esto ha tenido efecto, y de la comunicación del subdelegado resulta que en la calle Miraflores y en muy corto espacio existen hasta seis mujeres acometidas de cólicos coleriformes de la mayor gravedad, procedente de la miseria y desamparo de la clase pobre y de la falta de socorros oportunos, que el señor alcalde había tomado las medidas y actuaciones más prontas a su alcance mandándoles suministrar medicamentos”.
De la mortandad de esta epidemia da fe que parte de la calle Molino se la denominara durante un tiempo como la "de los muertos" a causa de la gran cantidad de vecinos que fallecieran en esta..
En aquellos tiempos escaseaban las medidas higienico-sanitarias para el transporte de las aguas residuales y para las que acababan en las fuentes públicas. Esta es una de las razones por las que esta enfermedad puede propagarse con rapidez" .
Lo que ahora llamamos equipos de protección individual (EPI) se utilizaban ya por los médicos desde el siglo XVII, y como podemos apreciar en la imagen de la parte superior, estaban compuestos de largas botas, abrigos hasta los tobillos, guantes, así como narices postizas, a modo de mascarillas, llamadas picos de loro, todos ellos de cuero y en cuyo interior ponían triaca, una mezcla de cincuenta y cinco hierbas olorosas, mirra, miel, canela y polvo de víbora. Aún hoy, en carnavales como el de Venecia se pueden ver caretas que emulan estos picos.
Citemos a continuación otra de las enfermedades pandémicas que asolaron nuestra ciudad.
A esta saga de los horrores, no le es ajena la tuberculosis, también llamada peste blanca, patología que preferentemente se inclinaba por la elección de la clase obrera habida cuenta de sus duras condiciones laborales y de vida por el hacinamiento y una alimentación precaria llegando a hacerse crónica en las urbes durante los siglos XIX y XX. Su mortalidad en España sin posibilidad de acceso a cifras contrastadas dejó una huella indeleble más en lasciudades que en el campo habida cuenta de que al menos la tierra era generosa con sus aparceros y campesinos.
El balance de la última epidemia de 1870, daría como triste resultado, la muerte de a cerca de 150.000 personas en todo el planeta..
En esta web ya hemos hecho alguna que otra mención al sanatorio antituberculoso militar que se encuentra ubicado en el Km. 1 de la carretera de Ronda a El Burgo. Sus proporciones dan fe de la gran cantidad de enfermos que acogió hasta que la vacunación erradicó casi por completo esta enfermedad.
Resumiendo diremos, que circunscribir una epidemia en una única ubicación, como si esta se hallase fuera del tránsito normal de personas y animales, es prácticamente una utopía en los tiempos que vivimos.
Pero la velocidad con la que la enfermedad se propaga no es por desgracia un problema de nuestros días, como podemos comprobar Ya lo fue durante la antigüedad, cuando también las epidemias arrasaban países enteros, así que hoy, cuando el hombre domina el transporte y puede en una sola jornada desplazar se a cientos de kilómetros de su residencia habitual, la propagación se multiplica exponencialmente.
La única solución es el confinamiento, pues al faltar el "ser" que "transporta" el agente contaminante, la epidemia cesa. Pero, como tristemente hemos vuelto a relacionarnos sin tener una vacuna, o no respetando unas mínimas medidas de seguridad , volvemos irremisiblemente a contagiarnos.

 

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