Salud en Ronda

BREVE HISTORIA DE LA MEDICINA

 

Operación quirúrgica en un manuscrito turco del siglo XV. Grabado turco

La historia de la medicina comienza prácticamente con la aparición del hombre. Su vulnerabilidad ante la visita constante de la enfermedad hace que busque la manera de volver a recuperar la salud, primeramente y desde su ignorancia usando la magia y posteriormente, desde el conocimiento y la sabiduría utilizando la ciencia y así, poco a poco,progresar hasta llegar a nuestros días.
Comenzaremos nuestro recorrido histórico por la Roma clásica citando a la cultura etrusca, como el origen de los conocimientos médicos que importarían y posteriormente expandirían estos por todo el imperio.
Roma apenas había desarrollado un cuerpo médico,aunque si parece bastante claro que tenía ciertas habilidades médicas, sobre todo en el campo de la odontología, pero, lo que sí parece estar claro es que, la medicina en la antigua Roma, no es más que una prolongación del conocimiento médico griego de los que copiaron hasta sus dioses.
En cuanto al papel de la mujer esta se la conocía como - La Obstetra (literalmente, “la que se coloca delante”, en una alusión obvia a la posición que ocupa la comadrona en el parto). Su función principal era asistir a las parturientas, aunque, a veces, también administraban drogas para provocar abortos o lograr la fertilidad y también para preparar brebajes o pócimas ponzoñosas que vendían para asuntos poco claros.
En la ciudad romana de Arumda, hoy Ronda, seguramente encontraríamos entre sus calles algún que otro "medicus". El origen de esta palabra proviene del latín "Meder", curar o medicar.

Durante la Edad Media y debido a los constantes enfrentamientos bélicos y las epidemias, la Medicina en los países europeos sufrió un gran retroceso. En España y gracias al mundo islámico que se instaló en nuestra península se recuperó la ciencia antigua pudiendo seguir avanzando en ella.
Los médicos de estos países islámicos gozaban de un justificado reconocimiento y el hecho de que su comunidad científica utilizara en sus inmensos territorios un mismo idioma, el árabe ayudó a dar a conocer todos sus conocimientos, trabajando juntos médicos de creencias distintas.
En esta época de expansión del Islam, muchas de las ciudades griegas cayeron en manos musulmanas y con ellas todo el saber antiguo. Gracias a los traductores, durante el siglo IX y X se tradujeron al árabe muchos textos, teniendo un papel trascendental la Casa de la Ciencia en Bagdad concretamente durante el esplendor del califato abbasí de los siglos X y XI. Aparecieron las madrasas a modo de escuelas en las mezquitas o junto a ellas, siendo muchas de ellas auténticas academias de medicina en estrecha relación con los hospitales, muchos públicos (bimaristán). El hospital de El Cairo, fundado en 1285 por el sultán al-Qalaun, tenía capacidad para ocho mil enfermos dispuestos en cuatro pabellones alrededor de un patio climatizado con fuentes, y el hospital de Damasco, fundado en 1154 por Nur al-Din… ¡sigue funcionando en la actualidad!

Entre los médicos que más brillaron destacan al-Razi (Rhazes), al-Majusi y Ibn-Sina (Avicena) con su Canon de medicina; y en Occidente, los médicos cordobeses Ibn Rushd (Averroes) y el judío Musa Ibn Maimón (Maimónides) médico personal del sultán de Egipto, Saladino.

En realidad la base teórica de la medicina árabe era muy similar a la griega y romana. La medicina humoral del siglo IV a. C. con los cuatro fluidos humanos básicos (sangre, flema, bilis amarilla y negra) en equilibrio/desequilibrio como causa de la salud/enfermedad, seguía vigente. Pero donde destacaron fue en el diagnóstico de las enfermedades y en el empleo del instrumental quirúrgico.
Todos estos conocimientos de la medicina de origen árabe y judía se abrieron a Occidente y en el siglo XIV, Arnau de Vilanova, en el sur de Francia, tradujo del árabe algunas de estas trascendentales obras.
En Ronda, y una vez tomada por las tropas del rey Fernando el día 23 de Mayo de 1.485, y al igual que en otras ciudades reconquistadas, la labor médica recaería en los monjes y por ende en sus órdenes y monasterios.
Durante el periodo en que estuvo activa la Santa Inquisición muchos documentos e investigaciones médicas fueron incautados por esta, quedando solo al alcance de sus miembros. Otros tantos fueron destruidos, según se aducía, por atentar contra la fe y la moral de la Iglesia.
Entre estos se hallaban los textos sobre la medicina tradicional a base de hierbas y unguentos, y a las personas que la aplicaban, generalmente mujeres, se las condenaría a morir en la hoguera acusadas de brujería.
En ese tiempo se funda en Ronda el Hospital Real. Hoy desaparecido, que vendría a sustituir a las "casas de salud" que hasta entonces usaban los ciudadanos musulmanes de nuestra ciudad.
En el año 1593, el Canon de Avicena fue editado por los Médicis enseñándose en las universidades hasta mediados del siglo XVII pero pese a ello Occidente solo descubrió cuarenta textos del millar de escritos médicos censados.
Volviendo a nuestra ciudad, comprobamos que durante los siglos XVII I XVIII la asistencia médica a los pacientes permanece anclada en el pasado. En la Ronda de aquellos tiempos donde la sociedad está claramente dividida entre el "señorío, representada por los nobles y la clase popular representada por los artesanos, queda bastante claro que salvo raras excepciones, solo los miembros de las familias pudientes eran las que se podían acercar al galeno y posteriormente pasarse por la botica a recoger los medicamentos que estos les recetaban.
Hasta bien entrado el siglo XX sigue siendo el Hospital Real la única institución dedicada a los enfermos.
Durante la II República se construye un edificio destinado a ser usado como centro escolar, pero tras la guerra civil este inmueble se usaría como hospital bajo la advocación de Santa Bárbara, reemplazando al hospital Real. En la actualidad se a reconvertido en un Centro de Salud.
De La lista de médicos rondeños que ejercieron en Ronda, destacaríamos a D. Diego Vázquez. Padre y abuelo de galenos que sacrificó literalmente su vida al cuidar de sus pacientes enfermos de tifus, de los que se contagió.
Entre sus méritos como persona también destaca lo acaecido en 1.917 cuando este, atendió a los heridos por el derrumbe de un trozo de cornisa del tajo y que vinieron a caer sobre uno de los molinos. Su ejemplar actuación le mereció el reconocimiento público de la ciudadanía y el Ayuntamiento.
De su forma de ser sabemos que no era amigo de andar recetando medicamentos .
antes de finalizar me gustaría citar la frase que me dijera hace años el jefe de la unidad de trasplantes del hospital Carlos de Haya de Málaga: "Si acertamos en el diagnóstico y tratamiento de una dolencia, se nos compara con los dioses; pero, si o curre todo lo contrario, somos unos demonios. Y la realidad no es otra, que sencillamente somos seres humanos, que trabajamos día a día incansablemente, a veces con escasez de medios y personal, por llevar la salud a todos los emnfermos.

 

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