La Semana Santa a debate

 

SEMANA SANTA

Es indudable que la cultura andaluza es una de las más importantes y enriquecedoras. Posee una singularidad única si la comparamos con otras nacionales o extranjeras.
Una de estas peculiaridades, sin lugar a dudas, parte de su religiosidad popular, desde este fenómeno cultural religioso, y dentro de como el andaluz vive y manifiesta su fe, podremos entender el ser y existir de la Semana Santa.
La impresión que recibimos al presenciar a nuestras cofradías, es de que gozan de una buena salud. No hay mas que ver la cantidad de hermanos, los grandiosos desfiles procesionales, un incremento paulatino de su patrimonio, tanto a nivel de enseres como de inmuebles o casas de hermandad, creación de las juventudes cofrades, incorporación de las nuevas tecnologías con el fin de dinamizar su vida interna y la difusión a través de múltiples medios de comunicación de masas para los cultos y de las otras actividades realizadas, como por ejemplo, conciertos y exposiciones.
Es más, en más de una ocasión se oye decir que estamos viviendo una "primavera cofrade".
Ahora, en los primeros pasos encaminándonos por este siglo XXI , no tenemos más remedio que pararnos a reflexionar y analizar, si nuestras actitudes como seglares necesitan de una formación más profunda y comprometida con la sociedad en la que nos ha tocado vivir y donde el mensaje de Jesús de Nazaret, apesar de su permanente vigencia, se aleja y desvirtúa cada vez mas.
No son pocos los cofrades, sobre todo los más jóvenes, que critican y no son receptivos al verdadero "ser" de nuestras hermandades, aduciendo, entre otras cosas, que "esto es cosa de los curas", o que "a nosotros no nos afecta". Y después se quedan tan contentos y felices, apalancados en su propia ignorancia y desconocimiento.
De aquí, la necesidad de hacer que nuestras cofradías profundicen en su identidad de cofrades, defendiéndola y reivindicándola en todas sus aptitudes positivas, y a reconstruir y cambiar aquello que fuera necesario. Es evidente que hay una diferencia entre aquellos que se sienten cofrades y los que no , los que limitan su vida como miembro de una Hermandad para reunirse hablar de enseres, procesiones, y a veces para criticar de forma despectiva a otros hermanos o cofradías. Hermanos cuya única pretensión es el protagonismo,, por imperativo de la herencia que hemos recibido, o bien, porque aún no han entendido bien lo que es una cofradía.
Es necesario dejar de mirar atrás, hay que enfrentarse a los retos que nos presentan el presente y el futuro, reclamándonos una fe valiente y comprometida, pues la única respuesta que podemos dar al mundo que nos ha tocado vivir, es la encarnación de Jesucristo en el hombre de hoy. Desde nuestro testimonio y con nuestras acciones, porque es así como nuestras imágenes tienen su razón de ser en relación con la devoción en los templos, cultos y desfiles procesionales, y no como mero objeto de exposición y admiración. Por ese motivo la cofradía solo alcanza su plenitud cuando hace vida y compromisos a partir de sus expresiones externas.
Mientras las cofradías no quieran plantearse, ni reflexionar sobre ello, pervivirían y serán magníficas, pero magníficas piezas de museo. No debemos perder de vista que todos somos "iglesia", y mientras unos dedicamos nuestro tiempo a discutir sobre el itinerario, o el tipo de manto que llevará la Virgen, para mayor lucimiento de nuestra hermandad, otros se dedican a obras de misericordia, ayudando a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.
Después, a la hora de vestir nuestras túnicas nazarenas, todos iremos juntos ( comprometidos , capillitas y capiroteros, que de todo hay ), pero si no tenemos verdadera concienncia de iglesia puede que estas contradiciones no nos afecten ni nos escandalicen. La fe la demuestran los creyentes en sus obras. Por eso debemos, ahora más que nunca, dar testimonio de nuestra vocación cofrade, sintiéndonos cristianos al servicio de la iglesia, y no utilicemos los templos como meros lugares donde tener expuestas nuestras imágenes. Para ello , como decía antes, es necesario redimensionar y tomar conciencia colectiva de hacia donde queremos que se encaminen nuestras cofradías, antes que se encierren en las propias contradicciones de sus fines traicionándolos.
Tenemos que ser solidarios, dispuestos y valientes a la hora de evangelizar y caritativos con los que lo pasan mal. Es difícil, aunque no imposible, limpiar el barro que se nos ha pegado y que oculta el verdadero sentido de nuestras hermandades, haciendo que estas parezcan unas peñas de amigos, o una asociación cultural. A veces los cofrades, parecen ser los administradores de un rico patrimonio., y promotores de campañas con nombres rimbombantes.
Es hora de empezar a mirar al futuro. revisemos nuestro pasado y presente siendo humildes y teniendo en cuenta el largo camino que nos queda por recorrer, empezando por la formación, que es urgente y necesaria, pues no podemos amar, seguir o venerar a una figura como la de Jesús sin madurar nuestra fe a través de sus enseñanzas , y desde aquí hacernos eco de todas las realidades sociales, ni perder los principios que dan vida y sentido a las hermandades: caridad, formación y evangelización.
Terminemos esta "opinión" con una cita de Juan Pablo II : "Desligar la manifestación de la religiosidad popular de las raíces evangélicas de la fe, reduciéndola a meras exposiciones folklóricas o costumbristas, sería traicionar su verdadera esencia. Es la fe cristiana la que da autenticidad a las manifestaciones religiosas de nuestro pueblo".

El Arcano.

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