El ahorro energético

 

AHORRO ENERGÉTICO

Desde hace mucho tiempo se nos publicita, a través de múltiples medios de comunicación, de la necesidad de ahorrar energía. bombillas de bajo consumo, aislamiento térmico para nuestras viviendas, reducción del límite de velocidad para nuestros vehículos, y así un largo etc. de normas y recomendaciones.
Todos, o casi todos, hemos tenido la sensación de estar en el más árido de los desiertos, cuando en pleno invierno, ataviados con nuestras mejores ropas de abrigo, hemos entrado en algún supermercado, banco, o peor, en un edificio público. La sensación de sofoco es inmediata; nos falta aire y parece que estuviésemos teniendo alucinaciones cuando vemos a los empleados en mangas de camisa. Si la gente con recursos huye del frío refugiándose en países tropicales, no estaría nada mal que los que no alcanzamos a tanto pudiéramos pasar los días más fríos del invierno de forma confortable. Pero después llega el estío y ocurre justo lo contrario. Entramos a uno de estos establecimientos casi desnudos a causa del calor, y en ese momento es como si estuviésemos haciéndole compañía a las focas en pleno Ártico.
Esto se consigue a fuerza de derrochar energía. ¿ Es qué esos aparatos de aire acondicionado no tienen algo tan simple como un termostato ?. Pues la sensación que tenemos, es de que no.
Y ahora, vamos a referirnos al coste laboral que representa el sobrepasar en invierno o verano el umbral de la temperatura ideal, que puede oscilar entre los 19 a 21º centígrados. Lo primero que se nos presenta como baja laboral son los resfriados; aquellos trabajadores que constantemente están pasando de una zona demasiado caliente a una fría, son los más afectados. Y posteriormente citaremos a las personas con algún tipo de afección respiratoria, como por ejemplo los asmáticos.
Este problema energético lo podemos extrapolar , y desde una guardería, centro educativo u hospital que visitemos, la sensación de que la temperatura no es la correcta para esa época del año, es la misma que en los casos citados anteriormente.
De vemos recordar que, en los últimos 50 años, hemos triplicado el consumo de energías no renovables , y por tanto , altamente contaminantes. Es cierto que cada día nos hacemos un poquito más conscientes de que no podemos derrochar las fuentes energéticas de las que hoy disponemos, entre otras cuestiones, por que no son infinitas. Pero aún nos queda un largo camino a recorrer hasta entender , por ejemplo, que para ir a trabajar vamos un solo ocupante por vehículo, teniendo en cuenta, que si fuesen cuatro, dividiríamos por esa cantidad, no solo el consumo, sino también el número de atascos.
Por último añadir, que el uso de energías renovables, (por ejemplo las placas fotovoltaicas), aún no están al alcance de muchos bolsillos, y aunque la subvenciones por parte de algunas administraciones públicas son importantes, el costo de las instalaciones sigue siendo prohibitivo.
Seamos conscientes de que si queremos que en un futuro podamos seguir disfrutando de todas las ventajas que nos da el progreso, tenemos que saber como poder utilizar estos medios con sentido común y responsabilidad energética.

 

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