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LAS OBRAS SOCIALES Y LAS CAJAS DE AHORRO

Cuando las Cajas de Ahorro se fundaron a finales del siglo XIX lo hicieron para fomentar el ahorro, sobre todo mirando a la clase trabajadora.
De los beneficios obtenidos, las Cajas de Ahorro invertían más del 50 % en obras sociales. Así, guarderías, colegios, centros para jubilados, colonias veraniegas para niños y niñas, crecían al amparo de estas entidades.
¿ Qué ocurre cuando una Caja de Ahorros se convierte en un Banco ?. Aunque operen en el mismo sector y ofrezcan servicios similares, cajas de ahorro y bancos son empresas bien distintas: las cajas no tienen ánimo de lucro, carecen de accionistas y su objetivo es la intermediación financiera y prestación de servicios con el fin de servir a la sociedad y devolverle los beneficios generados por esa actividad, sin que fundadores, administradores o gestores tengan derecho a participar de ellos. Al contrario, los bancos son negocios privados con ánimo de lucro cuyos beneficios van a parar a sus propietarios y accionistas. Ello no impide para que, en una imparable tendencia que afecta al conjunto de las empresas, la asunción de la Responsabilidad Social Corporativa, la banca privada haya comenzado tímidamente a invertir una parte de sus beneficios en obras de carácter social, cultural o medioambiental.
Pero la realidad es que a lo largo de estos últimos años las Cajas de Ahorro han cortado casi de cuajo los presupuestos para obras sociales, y con la crisis que padecemos en el sector financiero, y la conversión de las Cajas a Bancos, se plantea un serio problema para el futuro de muchas empresas, ante la posibilidad de su traspaso a otras entidades para su gestión, o lo que es peor que se vean abocadas a al cierre ante la falta de recursos económicos.
Es cierto que a través de los diferentes ministerios se abonan los sueldos del personal (se define como: "pago delegado"), y también se ayuda desde estos al mantenimiento de los inmuebles, pero puestos en contacto con algunos trabajadores de estos centros nos dicen, que sin la ayuda que reciben por parte de las Cajas, sería inviable su subsistencia.
Entonces nos hacemos la pregunta de si el Estado se podrá, o querrá hacerse cargo de esos funcionarios "externos" o de "pago delegado", asumiéndolos como "suyos" propios, insertándolos en otros centros, pero la respuesta me parece que está en la mente de todos, y más aún dada la situación económica en la que nos encontramos.
En cuanto a la problemática en la que se pueden encontrar , en el caso de centros educativos, los alumnos de estos colegios o guarderías en el hipotético caso de un cierre tiene fácil solución si comprobamos que la ratio en los colegios públicos, en general y salvo algunas excepciones, está por debajo de lo estipulado por la ley.
También están los inmuebles, que aunque propiedad de las Cajas, carecerían de sentido práctico si estos pierden la función para la que fueron construidos. De hecho podemos comprobar como multitud de edificios destinados a colegios se encuentran cerrados, y algunos de estos en un lamentable estado de conservación.
Muchas Cajas nacieron a partir de fundaciones creadas por particulares o asociaciones, que eran las encargadas de velar por el estricto cumplimiento de sus responsabilidades, pero con el tiempo el equipo de dirección de las cajas asumió el control de la fundación, de manera que estas últimas quedaron como meros sujetos representativos, privados de voz y voto.
Y este es el estado, muy resumido por cierto, en el que se encuentran las inversiones en obras sociales de nuestras cajas de ahorros, destinadas en un principio a ayudar al pequeño ahorrador y a su familia, y en estos momentos de incertidumbre, abocadas a reinventarse.

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