EL ASEDIO

  Son las once de la noche. En un campamento militar , seis hombres sentados en el suelo de una tienda de campaña esperan la llegada de una persona que  les va a encomendar una misión crucial para la batalla que se avecina.
  A lo lejos los hombres escuchan pasos que se acercan. Raudos y alerta se levantan; en ese instante hace aparición un hombre fornido, alto, de cara afilada. Su tez aparece bruñida a la luz de las teas que iluminan la estancia. Este, con voz enérgica pero suave como un murmullo, les dice: Ahora arropados por la oscuridad os dirigiréis al cerro que hay cinco leguas por debajo del manantial que hay más abajo camino de la dehesa. Os dividiréis en tres parejas, la primera se ocultará junto al río y observará como se abastecen de agua los moradores de la ciudad. Otra pareja se apostará en el pequeño montículo ubicado en las cercanías del camino que parte de la puerta sur de la muralla. Miraréis quienes entran o salen, si son gentes del pueblo o son de armas y cuantos soldados defienden la puerta y las fortificaciones. Y por último, los otros dos entraréis en la ciudad. Os iréis a la plaza y murmurando correréis la voz de que los cristianos están asediando la ciudad de Antequera. Daréis todo tipo de detalles, infantes, caballerías, etc. Haced, dijo mirando a estos, que vuestro relato cree alarma e inquietud entre los que os escuchen. Llevaréis comida y agua para dos días y si no hay novedad os esperaré a la entrada este,,  para que me informéis personalmente de vuestras pesquisas. Y por último deciros que bajo ningún concepto os deben de capturar vivos.
  Dicho lo cual el caballero dio media vuelta y salió. De la misma manera que hizo aparición tan enigmático personaje, la noche y el silencio lo engulleron todo.
  Poco después los seis hombres se dirigen a través de escarpadas colinas y abruptos parajes, iluminados por la luna hasta su destino.
  A eso de las seis de la mañana llegaron hasta un pequeño cerro desde el que a lo lejos se divisaba la ciudad amurallada. Tal y como les habían ordenado se dividieron en tres parejas. Aún era de  noche y a lo lejos se escuchaban los ladridos de unos perros y una lechuza.
  Los primeros dos hombres, agazapados y ocultos por la maleza, se acercaron hasta una grieta natural por la que discurría un río. Ante ellos aparece una construcción adosada a la escarpada pared. Hombres de aspecto famélico se asomaban hasta la orilla del río y agachandose llenando unos pesados pellejos de agua y desapareciendo con ellos por el mismo sitiopor el que instantes antes hicieron su aparición. Seguro, supuso acertadamente., uno de los espías que quienes porteaban los pellejos eran cautivos cristianos, y que de aquella manera
Abastecían así de agua a la ciudad.  Los dos que quedaron junto al camino que llegaba a la puerta sur de la muralla vieron alejarse a sus compañeros,  que se dirigían hacia ella.Observaron como al pasar las horas el bullicio aumentaba en la ciudad y su entorno. Soldados entraban y salían. El murmullo y a veces gritos se podían escuchar desde su posición. Debió de surtir efecto la mentira de que los ejércitos cristianos asediaban Antequera, porque a la mañana siguiente y después de una noche relativamente tranquila, más de doscientos hombres a caballo y unos cien a pié, salieron camino de Antequera dejando a la ciudad amurallada desprovista de fuerzas suficientes para su defensa.
  Una vez de vuelta en el campamento, los seis dieron las novedades a quien los envió. Al siguiente amanecer comenzaba el asedio a la ciudad amurallada.  Era la primavera de 1.485, el personaje era el duque de Arcos, y la ciudad amurallada Ronda .

 

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